SECCION 2 > FARMACOS
CAPITULO 10
Reacciones adversas a los fármacos
Un error frecuente es considerar que los efectos
farmacológicos se pueden dividir claramente en dos grupos: efectos
deseados o terapéuticos y no deseados o secundarios. En realidad,
la mayoría de los fármacos produce varios efectos. Sin
embargo, el médico pretende que el paciente experimente sólo
uno (o algunos) de ellos. Los demás efectos se pueden calificar
como no deseados. A pesar de que casi todo el mundo, incluyendo médicos
y personal sanitario, se refiere a efecto secundario, el término
reacción adversa al fármaco es más apropiado para
los efectos no deseados, desagradables, o potencialmente nocivos.
No debe sorprender
que las reacciones adversas a los fármacos sean frecuentes. Se
estima que alrededor del 10 por ciento de los ingresos en los hospitales
en algunos países, son debidos a reacciones adversas a los fármacos.
Entre el 15 y el 30 por ciento de los pacientes hospitalizados presenta
como mínimo una reacción adversa a algún fármaco.
Aunque muchas de estas reacciones son relativamente leves y desaparecen
al suspender su administración o al modificar la dosis, otras
son más graves y de mayor duración.

Tipos de reacciones
Es posible dividir las reacciones adversas
a los fármacos en dos grupos principales. El primero comprende
las reacciones que representan un exceso de los efectos farmacológicos
y terapéuticos que se conocen y se esperan de un determinado
fármaco. Por ejemplo, un paciente que está en tratamiento
con un fármaco para reducir la presión arterial alta,
puede padecer mareos o vértigo si ésta disminuye en exceso.
Un diabético puede manifestar debilidad, sudor, náuseas
y palpitaciones si la insulina o el fármaco hipoglucemiante reduce
en exceso el valor de azúcar en sangre. Este tipo de reacción
adversa al fármaco, aunque predecible, es a veces inevitable.
Una reacción adversa ocurre si la dosis de un fármaco
es excesiva, si el paciente es demasiado sensible a éste, o si
otro fármaco retarda el metabolismo del primero, incrementando
así su concentración en la sangre.
El segundo grupo son
las reacciones que resultan de ciertos mecanismos que todavía
no se comprenden muy bien. Este tipo de reacción adversa a un
determinado fármaco es impredecible hasta que el médico
obtenga información sobre otros pacientes con reacciones semejantes.
Ejemplos de dichas reacciones adversas consisten en erupciones cutáneas,
ictericia (lesión del hígado), anemia, disminución
del número de glóbulos blancos, lesiones del riñón
y lesiones nerviosas con posibles alteraciones visuales o auditivas.
No obstante, tales reacciones afectan sólo a un reducido grupo.
Estas personas pueden ser alérgicas o hipersensibles a un medicamento,
debido a diferencias genéticas en el metabolismo del fármaco
o a la respuesta del organismo a su acción.
Algunos efectos secundarios
de los fármacos no se ajustan fácilmente a ninguno de
los dos grupos. Estas reacciones son predecibles y los mecanismos involucrados
son ampliamente conocidos. Por ejemplo, la irritación gástrica
y la hemorragia se presentan a menudo si se toman, de manera continua,
aspirina u otros antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno,
ketoprofeno y naproxeno.
Intensidad
de las reacciones
No existe una escala
universal para describir o determinar la gravedad de una reacción
adversa a un fármaco en particular; la valoración es en
gran parte subjetiva. Dado que la mayoría de fármacos
se ingieren por vía oral, las molestias gastrointestinales representan
un alto porcentaje del total de las reacciones conocidas, como pérdida
del apetito, náuseas, una sensación de distensión,
estreñimiento y diarrea.
Los médicos
consideran como reacciones leves y de poca importancia las referidas
a las molestias gastrointestinales, al igual que las relacionadas con
dolores de cabeza, fatiga, ligeros dolores musculares, cambios en el
patrón del sueño y malestar (una sensación generalizada
de enfermedad o inquietud). Sin embargo, dichas reacciones son preocupantes
para quienes las experimentan. Además, si el paciente siente
los efectos de la medicación como una disminución en su
calidad de vida, es posible que no colabore con el plan terapéutico
prescrito. Esto puede representar un problema importante para alcanzar
los objetivos del tratamiento.
Las reacciones moderadas
incluyen las que se relacionan como leves en el caso de que el paciente
las considere o sienta como claramente molestas, dolorosas o intolerables.
En esta lista figuran además reacciones como las erupciones cutáneas
(especialmente si son extensas y persistentes), las molestias visuales
(especialmente en personas que usan lentes graduadas), el temblor muscular,
la dificultad para orinar (frecuente con muchos fármacos administrados
a varones de edad avanzada), cualquier variación perceptible
del humor o del estado mental y ciertos cambios en los componentes de
la sangre (como las grasas o los lípidos).
La aparición
de reacciones adversas leves o moderadas no significa necesariamente
que se deba suspender un medicamento, especialmente si no se dispone
de una mejor alternativa. Sin embargo, el médico hace una nueva
evaluación de la dosis, la frecuencia de administración
(número de dosis diarias), el horario (antes o después
de las comidas, al levantarse o al acostarse) y el posible uso de otros
agentes para aliviar al paciente (por ejemplo, el médico puede
recomendar el uso de un laxante, si el fármaco provoca estreñimiento).
En ocasiones, los
fármacos provocan reacciones graves con riesgo de muerte, aunque
éstas son relativamente raras. Las reacciones graves implican
suspender la administración del fármaco y proceder a su
tratamiento. No obstante, en ciertos casos, los médicos deben
continuar administrando fármacos a las personas de alto riesgo
(por ejemplo, tratamientos con quimioterapia en pacientes con cáncer,
o fármacos inmunosupresores para pacientes sometidos a trasplantes
de órganos). Entonces se utilizan todos los medios disponibles
para tratar tales reacciones graves. Los médicos administran,
por ejemplo, antibióticos para combatir la infección en
pacientes con un sistema inmunitario debilitado. También es posible
administrar antiácidos líquidos de alta potencia o bloqueadores
de los receptores H2, como la famotidina o la ranitidina, para prevenir
o curar úlceras gástricas. Así mismo, pueden realizarse
transfusiones de plaquetas para tratar hemorragias graves o bien inyectar
eritropoyetina para estimular la producción de glóbulos
rojos en pacientes con anemia inducida por un fármaco.

Relación entre beneficios y riesgos
Cualquier fármaco
puede tener al mismo tiempo efectos positivos y negativos. Antes de
prescribir un fármaco, los médicos evalúan los
posibles riesgos y los beneficios que esperan obtener. El uso de un
fármaco no está justificado a menos que los beneficios
superen los posibles riesgos. Los médicos deben también
considerar las consecuencias de suprimir el fármaco. En la mayoría
de los casos, los beneficios y riesgos potenciales no se pueden determinar
con precisión matemática.
Cuando se calculan
los efectos positivos y negativos de un fármaco, los médicos
consideran la gravedad del trastorno que se está tratando y el
impacto que tendrá sobre la calidad de vida del paciente. Por
ejemplo, las molestias relativamente leves como la tos y los resfriados,
las distensiones musculares o los dolores de cabeza ocasionales, se
pueden aliviar con fármacos de venta sin prescripción
médica, cuyo riesgo de efectos secundarios es muy reducido.
Los fármacos
de venta sin prescripción, para el tratamiento de trastornos
menores, presentan un margen de seguridad amplio si se administran según
las instrucciones. Sin embargo, el riesgo de reacciones adversas aumenta
si se toman al tiempo otros fármacos con o sin prescripción
médica. En contraposición, se debe asumir un mayor riesgo
de reacciones graves si se utilizan medicamentos para tratar una enfermedad
grave o potencialmente mortal (por ejemplo, un infarto cardíaco,
un accidente vascular cerebral, un cáncer o el rechazo de un
órgano trasplantado).
Factores
de riesgo
Muchos factores pueden aumentar la probabilidad
de una reacción adversa al fármaco. Éstos incluyen
el uso simultáneo de varios fármacos, la vejez o la corta
edad del paciente, el embarazo, ciertas enfermedades y factores hereditarios.
Terapia farmacológica
múltiple
El tomar varios fármacos
a la vez, con o sin prescripción médica, aumenta el riesgo
de una reacción adversa a los mismos. El número y la gravedad
de las reacciones adversas aumentan de forma desproporcionada con la
cantidad de fármacos ingeridos. El consumo de alcohol, que puede
considerarse una sustancia tóxica, aumenta el riesgo.
La revisión
periódica por parte del médico o del farmacéutico
de todos los fármacos que se toman, contribuye a reducir el riesgo
de presentar reacciones adversas.
Edad
Los niños son
especialmente susceptibles a los efectos secundarios de los fármacos,
porque su capacidad para metabolizarlos no se ha desarrollado completamente.
Por ejemplo, los recién nacidos no pueden metabolizar y eliminar
el antibiótico cloranfenicol; los que reciben este tratamiento
pueden desarrollar el síndrome del "bebé gris",
una reacción grave y a menudo mortal. La tetraciclina puede oscurecer
el color del esmalte de los dientes para siempre, si este antibiótico
se administra a los niños durante el período en que desarrolla
la dentición (que puede ser hasta los 7 años de edad).
Los niños menores de 15 años pueden presentar el síndrome
de Reye si se les administra aspirina para tratar la gripe o la varicela.
El riesgo de efectos
secundarios es muy elevado en las personas mayores porque pueden tener
muchos problemas de salud, y por eso toman diversos fármacos
con y sin prescripción médica. Algunas personas de edad
avanzada no comprenden las instrucciones para el uso correcto de los
fármacos. El funcionamiento de los riñones y la capacidad
del organismo para eliminar los fármacos disminuyen con la edad.
Además, estos procesos se complican a menudo por la desnutrición
y la deshidratación. Las personas de edad avanzada que toman
fármacos que provocan somnolencia, confusión y falta de
coordinación son propensas a sufrir caídas y fracturas
óseas. Entre los fármacos que pueden causar estos problemas
se encuentran muchos de los antihistamínicos, somníferos,
ansiolíticos y antidepresivos. (· V. recuadro, página
40)
Embarazo
Los fármacos y la mujer mbarazada
En la mujer embarazada muchos fármacos pueden pasar de
la circulación materna, a través de la placenta,
al cordón umbilical, y alcanzar finalmente la circulación
fetal.
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Muchos fármacos
pueden influir sobre el desarrollo del feto. En lo posible, las mujeres
embarazadas no deben tomar fármacos, especialmente durante el
primer trimestre. El médico debe supervisar el uso de cualquier
fármaco con o sin prescripción médica. Las drogas
sociales e ilícitas (alcohol, nicotina, cocaína y narcóticos
como la heroína) pueden perjudicar tanto el proceso de gestación
como el feto.
Otros
factores
Las enfermedades pueden alterar la absorción,
el metabolismo y la eliminación de un fármaco, así
como la respuesta del organismo al mismo. Debido a factores hereditarios,
algunos pacientes pueden ser más propensos a los efectos tóxicos
de ciertos fármacos. Todavía se desconoce en gran medida
el ámbito de las interacciones mente-cuerpo, incluyendo aspectos
como la actitud mental, puntos de vista, la fe en uno mismo y la confianza
en los médicos.
Alergias a los fármacos
Por lo general, el número y la gravedad
de las reacciones adversas a los fármacos aumentan en proporción
al incremento de la dosis. Sin embargo, esta relación dosis-efecto
no es aplicable a los individuos alérgicos o hipersensibles a
un fármaco. Para ellos, aun pequeñas cantidades del fármaco
pueden desencadenar una reacción alérgica, desde una molestia
leve, hasta reacciones graves con riesgo de muerte. Las reacciones alérgicas
incluyen erupciones cutáneas y picores, fiebre, constricción
de las vías respiratorias y sibilancias, inflamación de
ciertos tejidos, como la laringe y la glotis, que pueden dificultar
la respiración, y caída de la presión arterial,
algunas veces hasta niveles peligrosamente bajos.
Las alergias a un fármaco
son impredecibles, ya que las reacciones se presentan después
de que un individuo ha estado expuesto a él una o varias veces
(ya sea por vía subcutánea, oral, o intravenosa) sin que
se observara ninguna reacción. Una reacción leve se puede
tratar tan sólo con un antihistamínico; una reacción
grave y con riesgo de muerte puede requerir una inyección de
adrenalina (también denominada epinefrina) o de glucocorticoides
(como la hidrocortisona).
Antes de prescribir
un medicamento, los médicos preguntan al paciente si tiene alguna
alergia conocida a algún fármaco. Las personas que han
padecido reacciones alérgicas graves, con problemas de salud
severas, o que están tomando fármacos de alto riesgo,
deberían usar un collar o pulsera de alerta médica. La
información inscrita en la pulsera (por ejemplo, alergia a la
penicilina, diabético insulinodependiente, tratamiento con warfarina)
alertará al personal sanitario en caso de urgencia.
Toxicidad por sobredosis
La toxicidad por sobredosis
se refiere a reacciones tóxicas graves, a menudo nocivas, y algunas
veces mortales, por sobredosis accidental de un fármaco (debido
a un error del médico, del farmacéutico o del paciente)
o por sobredosis intencionada (homicida o suicida).
Ante fármacos
igualmente eficaces, a menudo los médicos prefieren el que presenta
el menor riesgo de toxicidad por sobredosis. Por ejemplo, si se necesita
un sedante, un fármaco ansiolítico o un somnífero,
los médicos prescriben por lo general benzodiacepinas como el
diazepam y el triazolam, en vez de barbitúricos como el pentobarbital.
Las benzodiacepinas no son más eficaces que los barbitúricos,
pero tienen un margen de seguridad mayor y mucha menos probabilidad
de causar toxicidad grave, en caso de una sobredosis accidental o intencionada.
La seguridad es también la razón por la cual los antidepresivos
más recientes como la fluoxetina y la paroxetina han reemplazado
en gran parte a antidepresivos más antiguos como la imipramina
y la amitriptilina, igualmente eficaces.
Los niños presentan
un elevado riesgo de toxicidad por sobredosis. La mayoría de
comprimidos y cápsulas coloreadas, que atraen la atención
de los niños, son formulaciones de dosis para adultos. Ciertas
normas en algunos países requieren que todos los fármacos
orales con prescripción se vendan en envases a prueba de niños,
a menos que el interesado renuncie a ello por escrito, con el pretexto
de que le es difícil abrirlos.
Muchos países
disponen de servicios de información sobre intoxicaciones por
sustancias químicas y medicamentos, y en la mayoría de
guías telefónicas se encuentra su número de teléfono.
Este número se debe apuntar y mantener cerca del teléfono
o programarlo en las llamadas automát icas.