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ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES
CAPITULO 27
Enfermedad
de las arterias coronarias
La enfermedad de las arterias
coronarias se caracteriza por la acumulación de depósitos
de grasa en las células que revisten la pared de una arteria
coronaria y, en consecuencia, obstruyen el flujo de sangre.
Los depósitos de grasa (llamados ateromas
o placas) se forman gradualmente y se desarrollan irregularmente en
los grandes troncos de las dos arterias coronarias principales, las
que rodean el corazón y lo proveen de sangre; este proceso gradual
es conocido como aterosclerosis. Los ateromas provocan un engrosamiento
que estrecha las arterias. Cuando los ateromas se agrandan, algunos
se rompen y quedan fragmentos libres en la circulación sanguínea
o bien se forman pequeños coágulos sanguíneos sobre
su superficie.
Para que el corazón se contraiga y bombee
la sangre normalmente, el músculo cardíaco (miocardio)
requiere una provisión continua de sangre rica en oxígeno
que le proporciona las arterias coronarias. Pero cuando la obstrucción
de una arteria coronaria va en aumento, se puede desarrollar una isquemia
(suministro de sangre inadecuado) del músculo cardíaco
que causa lesiones graves. La causa más frecuente de isquemia
del miocardio es la enfermedad de las arterias coronarias. Las principales
complicaciones de esta enfermedad son la angina de pecho y el ataque
cardíaco (infarto de miocardio).
La enfermedad de las arterias coronarias afecta
a personas de todas las etnias, pero su incidencia es particularmente
elevada entre los blancos. Sin embargo, la etnia en sí misma
no parece ser un factor tan importante como el hábito de vida
de cada individuo. Una dieta con alto contenido en grasa, el hábito
de fumar y una vida sedentaria incrementan el riesgo de enfermedad de
las arterias coronarias.
En los países desarrollados, las enfermedades
cardiovasculares son la causa principal de muerte entre las personas
de ambos sexos, siendo la enfermedad de las arterias coronarias la causa
principal de las enfermedades cardiovasculares. El índice de
mortalidad está influenciado tanto por el sexo, como por el origen
étnico; es más elevado en los varones que en las mujeres,
sobre todo en aquellos de edad comprendida entre los 35 y los 55 años.
Después de los 55 años, el índice de mortalidad
en el sexo masculino disminuye, mientras que en las mujeres sigue una
tendencia ascendente. En comparación con los blancos, los índices
de mortalidad entre los negros son más elevados hasta los 60
años y los de las mujeres negras son más elevados hasta
la edad de 75 años.
Angina de pecho
La angina, o angina de pecho, es un dolor
torácico transitorio o una sensación de presión
que se produce cuando el músculo cardíaco no recibe suficiente
oxígeno.
Las necesidades de oxígeno del corazón
dependen del esfuerzo que debe realizar (es decir, la rapidez con que
late y la fuerza de cada latido). Los esfuerzos físicos y las
emociones aumentan la actividad del corazón que, por esta razón,
necesita más oxígeno. Cuando las arterias se hacen más
estrechas o existe una obstrucción que impide el aumento del
flujo de sangre al músculo cardíaco para satisfacer la
mayor necesidad de oxígeno, se puede producir la isquemia y,
en consecuencia, dolor.
Causas
Depósitos de grasa en una arteria
coronaria
A medida que los sedimentos grasos se acumulan
en una arteria coronaria, el flujo sanguíneo se reduce
y no llega oxígeno al músculo cardíaco
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Por lo general, la angina es el resultado de una
enfermedad de las arterias coronarias. Pero también es el resultado
de otras causas, como las anomalías de la válvula aórtica,
especialmente la estenosis (estrechamiento de la válvula aórtica),
la insuficiencia (regurgitación a través de la válvula
aórtica) y la estenosis subaórtica hipertrófica.
Dado que la válvula aórtica está cerca de la entrada
a las arterias coronarias, estas anomalías reducen el flujo de
sangre hacia las mismas. El espasmo arterial (estrechamiento súbito
y transitorio de una arteria) también puede causar angina de
pecho. Por otro lado, la anemia grave puede reducir el suministro de
oxígeno al músculo cardíaco y desencadenar un episodio
de dolor.
Síntomas
No siempre toda persona con una isquemia tiene angina
de pecho. La isquemia sin angina de pecho se llama isquemia silenciosa
o silente. No se ha logrado comprender hasta ahora por qué la
isquemia es a veces silente.
Frecuentemente, el paciente percibe la angina de
pecho como una presión o dolor debajo del esternón (el
hueso del medio del pecho). El dolor también se produce en el
hombro izquierdo o por debajo de la parte interna del brazo izquierdo,
en la espalda, la garganta, el maxilar o los dientes y, algunas veces,
en la parte inferior del brazo derecho. Muchas personas describen la
sensación como malestar más que como dolor.
La angina de pecho aparece de forma característica
durante un esfuerzo físico, dura sólo unos pocos minutos
y desaparece con el reposo. Algunas personas la pueden predecir, puesto
que conocen con qué grado de esfuerzo les aparece, pero en otras,
los episodios son impredecibles. Con frecuencia, la angina de pecho
es más grave cuando el esfuerzo se hace después de comer.
Además, por lo general se agrava en un clima frío. Caminar
contra el viento o salir de una habitación caliente hacia un
espacio donde el aire sea frío puede provocar angina de pecho.
El estrés emocional también puede desencadenar una angina
o hacer que empeore. A veces, una emoción fuerte, aunque se esté
en reposo, o una pesadilla durante el sueño provocan la aparición
de angina.
La angina variante es provocada por un espasmo de
las grandes arterias coronarias que recorren la superficie del corazón.
Se llama variante porque se caracteriza por la aparición de dolor
en reposo, no con el esfuerzo, y por la existencia de ciertos cambios
en el electrocardiograma (ECG) durante el episodio de angina.
La angina inestable es una situación en la
que el patrón de los síntomas de la angina cambia. Dado
que las características de la angina en cada persona son por
lo general constantes, cualquier cambio es importante (como un dolor
más fuerte, ataques más frecuentes o ataques que se producen
con menor esfuerzo físico o durante el reposo). Estos cambios
en los síntomas reflejan una rápida progresión
de la enfermedad de las arterias coronarias, debido a un aumento de
la obstrucción de una arteria coronaria por la rotura de un ateroma
o por la formación de un coágulo. El riesgo de sufrir
un infarto es elevado. La angina inestable es una urgencia médica
(que debe ser tratada lo antes posible).
Diagnóstico
El diagnóstico se realiza a partir
de la descripción de los síntomas que realiza el paciente,
ya que entre las crisis e incluso durante ellas, la exploración
física o el ECG pueden ser poco relevantes o incluso normales.
Durante una crisis la frecuencia cardíaca puede aumentar ligeramente,
la presión arterial puede elevarse y el médico puede auscultar
un cambio característico del latido cardíaco con un fonendoscopio.
Habitualmente, pueden detectarse cambios en el ECG, pero éste
puede ser normal entre los episodios, incluso en una persona con una
enfermedad grave de las arterias coronarias.
Cuando los síntomas son típicos, el
diagnóstico suele ser fácil. El tipo de dolor, su ubicación
y su relación con el esfuerzo, las comidas, el clima y otros
factores facilitan el diagnóstico. No obstante, algunas pruebas
pueden ayudar a determinar la gravedad de la isquemia y la presencia
y extensión de una enfermedad de las arterias coronarias.
La prueba de esfuerzo (una prueba en la que el paciente
camina sobre una cinta móvil mientras se le registra el ECG)
permite la evaluación de la gravedad de la enfermedad de las
arterias coronarias y de la capacidad del corazón para responder
a la isquemia. Los resultados también pueden ser de ayuda para
determinar la necesidad de una arteriografía coronaria o de una
operación quirúrgica.
Los estudios con isótopos radiactivos combinados
con la prueba de esfuerzo pueden proporcionar una información
valiosa acerca de la angina de pecho de una persona. Las imágenes
que se obtienen no sólo confirman la presencia de la isquemia,
sino que también identifican la zona y la extensión del
músculo cardíaco afectado, así como el volumen
del flujo sanguíneo que llega al corazón.
El ecocardiograma de esfuerzo es una prueba en la
que se obtienen imágenes del corazón (ecocardiogramas)
por reflexión de ultrasonidos. La prueba es inocua y muestra
el tamaño del corazón, los movimientos del músculo
cardíaco, el flujo de sangre a través de las válvulas
cardíacas y su funcionamiento. Los ecocardiogramas se obtienen
en reposo y tras un ejercicio de máximo esfuerzo. Cuando existe
isquemia, se observa que el movimiento de bombeo de la pared del ventrículo
izquierdo es anormal.
La coronariografía (arteriografía
de las arterias coronarias) puede efectuarse cuando el diagnóstico
de enfermedad de las arterias coronarias o de isquemia no es seguro.
Sin embargo, es más frecuente que esta prueba se utilice para
determinar la gravedad de la enfermedad de las arterias coronarias y
para evaluar si es necesario llevar a cabo un procedimiento adicional
con el fin de aumentar el flujo de sangre (una cirugía de derivación
coronaria o una angioplastia). En un número reducido de personas
con síntomas típicos de angina y una prueba de esfuerzo
anormal, la coronariografía no confirma la presencia de enfermedad
de las arterias coronarias. En algunas de estas personas, las pequeñas
arterias del músculo cardíaco se hallan anormalmente contraídas.
Quedan muchos interrogantes acerca de este trastorno, que algunos expertos
llaman síndrome X. Por lo general, los síntomas mejoran
cuando se administran nitratos o fármacos betabloqueadores. El
pronóstico del síndrome X es bueno.
El registro continuo del ECG con un monitor Holter
(un aparato portátil de ECG que funciona con pilas) revela las
anomalías que indican una isquemia silente en algunas personas.
El significado de la isquemia silente es objeto de controversia, pero
generalmente la gravedad de la enfermedad de las arterias coronarias
determina el alcance de la isquemia silente y, en consecuencia, el pronóstico.
El ECG también ayuda a diagnosticar la angina variante dado que
es capaz de detectar ciertos cambios que se producen cuando la angina
aparece en reposo.
La angiografía (radiografías consecutivas
de las arterias efectuadas tras la inyección de un producto de
contraste) puede detectar a veces un espasmo en las arterias coronarias
que no tienen un ateroma. En ocasiones, se administran ciertos fármacos
para producir el espasmo durante la angiografía.
Pronóstico
Los factores clave para predecir lo que puede suceder
a las personas con angina incluyen la edad, la extensión de la
enfermedad de las arterias coronarias, la gravedad de los síntomas
y, en la mayoría de los casos, el grado de función normal
del músculo cardíaco. Cuantas más sean las arterias
coronarias afectadas o más grave sea su obstrucción, más
desfavorable será el pronóstico. El pronóstico
es sorprendentemente bueno en una persona con angina estable y una capacidad
normal de bombeo (función del músculo ventricular). Una
capacidad de bombeo reducida empeora el pronóstico.
Tratamiento
El tratamiento se inicia adoptando medidas
preventivas de la enfermedad de las arterias coronarias, medidas que
retarden su progresión o actitudes para revertirla. Debe hacerse
frente a las causas conocidas de enfermedad coronaria (factores de riesgo).
Se deben tratar lo antes posible los principales factores de riesgo,
como la presión arterial elevada y los valores aumentados de
colesterol. El hábito de fumar es el factor evitable de riesgo
más importante en la enfermedad de las arterias coronarias.
El tratamiento de la angina de pecho depende de
la gravedad y de la estabilidad de los síntomas. Cuando los síntomas
son estables y son además leves o moderados, lo más efectivo
puede ser reducir los factores de riesgo y utilizar fármacos.
Cuando los síntomas se agravan rápidamente, suele aconsejarse
el ingreso hospitalario inmediato y el tratamiento farmacológico.
Si los síntomas no disminuyen con el tratamiento con fármacos,
dieta y cambios en los hábitos de vida, se puede recurrir a una
angiografía para determinar si es posible practicar una derivación
de una o varias arterias coronarias o una angioplastia.
Tratamiento
de la angina estable
El tratamiento tiene como objeto prevenir
o reducir la isquemia y minimizar los síntomas. Hay cuatro tipos
de fármacos disponibles: los betabloqueadores, los nitratos,
los antagonistas del calcio y los fármacos antiplaquetarios.
Los betabloqueadores interfieren los efectos de
las hormonas adrenalina y noradrenalina sobre el corazón y otros
órganos. En reposo, estos fármacos reducen la frecuencia
cardíaca; durante el ejercicio, limitan el incremento de la frecuencia
cardíaca y de ese modo reducen la demanda de oxígeno.
Los betabloqueadores y los nitratos han demostrado reducir la incidencia
de infarto y muerte súbita, mejorando los resultados a largo
plazo en las personas con una enfermedad de las arterias coronarias.
Los nitratos , como la nitroglicerina, son fármacos
vasodilatadores. Pueden administrarse tanto los de acción corta
como los de acción prolongada. Un comprimido de nitroglicerina
colocado debajo de la lengua (administración sublingual), por
lo general, alivia un episodio de angina en uno a tres minutos; los
efectos de este nitrato de acción corta duran 30 minutos. Las
personas con angina estable crónica deben llevar siempre consigo
comprimidos de nitroglicerina o nitroglicerina en aerosol. También
es útil tomar un comprimido antes de alcanzar un nivel de esfuerzo
que, se sabe, desencadenará una angina. La nitroglicerina también
puede emplearse de forma que el comprimido se disuelva sobre las encías
o inhalándola con un vaporizador oral, pero la administración
sublingual es la más frecuente. Los nitratos de acción
prolongada se toman de 1 a 4 veces al día. También son
efectivos en forma de parches dérmicos o crema, en las que el
fármaco se absorbe a través de la piel a lo largo de muchas
horas. Los nitratos de acción prolongada tomados de forma regular
pronto pierden su efectividad sobre los síntomas. Por ello, se
recomiendan períodos de 8 a 12 horas sin tomar el fármaco
para mantener la eficacia del mismo a largo plazo.
Los antagonistas del calcio evitan que los vasos
sanguíneos se contraigan y así contrarrestan el espasmo
de las arterias coronarias. También son eficaces en el tratamiento
de la angina variante. Algunos antagonistas del calcio, como el verapamilo
y el diltiazem, pueden retardar el ritmo cardíaco. Este efecto
puede ser útil en algunos casos y estos fármacos pueden
combinarse con un betabloqueador para prevenir los episodios de taquicardia
(frecuencia cardíaca demasiado rápida).
La administración de fármacos antiplaquetarios
, como la aspirina, es otro de los tratamientos posibles. Las plaquetas
son fragmentos de células que circulan por la sangre y son importantes
para la formación del coágulo y para la respuesta de los
vasos sanguíneos a las lesiones. Pero cuando las plaquetas se
acumulan en los ateromas de la pared arterial, se forman coágulos
(trombos) que pueden estrechar u obstruir la arteria y causar un infarto.
La aspirina se une irreversiblemente a las plaquetas y no las deja adherirse
sobre las paredes de los vasos sanguíneos; por consiguiente,
la aspirina reduce el riesgo de muerte por enfermedad de las arterias
coronarias. Para la mayoría de las personas con esta enfermedad,
se recomienda tomar, diariamente, un comprimido de aspirina infantil,
la mitad de una para adultos o un comprimido entero para adultos. Las
personas que tienen alergia a la aspirina pueden tomar ticlopidina como
alternativa.
Tratamiento de la angina
inestable
Por lo general, las personas con angina inestable
son hospitalizadas, para que pueda controlarse el tratamiento farmacológico
y se apliquen otras terapias si fuera necesario. Estos pacientes reciben
fármacos que reducen la tendencia de la sangre a coagular. Pueden
administrarse heparina (un anticoagulante que reduce la coagulación
sanguínea) y aspirina. También se prescriben betabloqueadores
y nitroglicerina por vía intravenosa para reducir la sobrecarga
del corazón. Si los fármacos no son eficaces, puede requerirse
una arteriografía y una angioplastia o una cirugía de
derivación coronaria (bypass).
Cirugía de derivación (bypass) de
las arterias coronarias: este tipo de cirugía, habitualmente
llamada cirugía de bypass, es altamente efectiva en los casos
de angina y enfermedad de las arterias coronarias que todavía
no se ha extendido totalmente. Esta intervención quirúrgica
puede aumentar la tolerancia al ejercicio, reducir los síntomas
y disminuir la dosis requerida de un fármaco. La cirugía
de derivación es el tratamiento de elección cuando un
paciente sufre angina grave y no ha obtenido ningún beneficio
del tratamiento farmacológico, tiene un corazón que funciona
normalmente, no ha sufrido ningún infarto previo y no padece
ninguna otra enfermedad que contraindique la cirugía (como una
enfermedad pulmonar obstructiva crónica). Dadas estas características,
el riesgo de muerte es del uno por ciento o aun menor y la probabilidad
de lesión cardíaca (como un infarto) durante la operación
es inferior al 5 por ciento. En alrededor del 85 por ciento de los casos,
se obtiene un completo o notable alivio de los síntomas después
de la intervención. El riesgo de la cirugía es un poco
más elevado para las personas con una capacidad reducida de bombeo
del corazón (función ventricular izquierda disminuida),
con un músculo cardíaco lesionado por un infarto previo
u otros trastornos cardiovasculares.
La intervención quirúrgica consiste
en conectar un trozo de vena (injerto) o de arteria desde la aorta (la
arteria principal que lleva la sangre desde el corazón hacia
el resto del organismo) a la arteria coronaria, evitando la zona obstruida.
Las venas para el injerto se extraen, por lo general,
de la pierna. Los cirujanos también utilizan, habitualmente,
por lo menos una arteria como injerto, que se extrae de debajo del esternón
(hueso del medio del pecho). Estas arterias raramente se afectan por
la enfermedad de las arterias coronarias y en más del 90 por
ciento de los casos sigue funcionando de forma adecuada 10 años
después de su implantación. Los injertos de venas se obstruyen
gradualmente y, al cabo de 5 años, la obstrucción es completa
en un tercio de las personas o más. Además de reducir
los síntomas de angina, esta intervención quirúrgica
mejora el pronóstico en ciertas personas, especialmente en aquellas
con una enfermedad grave.
Angioplastia coronaria: las razones por las cuales
se practica la angioplastia son similares a las del bypass. No todas
las obstrucciones de las arterias coronarias son aptas para la angioplastia
debido a su localización, longitud, grado de calcificación
u otras características. Por ello, se ha de determinar cuidadosamente
si el paciente es un buen candidato para este procedimiento.
Cirugía de derivación coronaria
(bypass coronario)
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El procedimiento comienza
con una punción de una gran arteria periférica, generalmente
la arteria femoral de la pierna, con una aguja gruesa. Luego se introduce
un largo hilo guía dentro del sistema arterial a través
de la aguja, hasta llegar a la aorta y finalmente hasta el interior
de la arteria coronaria obstruida. A continuación, se introduce
un catéter con un pequeño globo inflable en el extremo,
que es guiado por el hilo hasta dentro de la arteria coronaria enferma.
El catéter se posiciona de modo tal que el globo quede al nivel
de la obstrucción; a continuación, se infla durante varios
segundos. La insuflación se repite varias veces. Es necesaria
una monitorización cuidadosa durante el procedimiento porque
el balón inflado obstruye momentáneamente el flujo de
la arteria coronaria. Esta obstrucción puede producir cambios
en el ECG y síntomas de isquemia en algunas personas. El globo
inflado comprime el ateroma, dilata la arteria y desgarra parcialmente
las capas internas de la pared arterial. Si la angioplastia es efectiva,
la obstrucción se reduce de forma notable. Entre el 80 y el 90
por ciento de las arterias obstruidas en que se consigue situar el globo
se elimina la obstrucción.
Alrededor del uno al dos por ciento de las personas
mueren durante una angioplastia y del 3 al 5 por ciento sufren infartos
no mortales. La cirugía de derivación coronaria (bypass)
es necesaria inmediatamente después de la angioplastia en el
2 al 4 por ciento de los casos. En cerca del 20 al 30 por ciento de
los pacientes, la arteria coronaria se obstruye de nuevo a los 6 meses
(con frecuencia en las primeras semanas posteriores al procedimiento).
A menudo la angioplastia se repite y permite un buen control de la enfermedad
durante largo tiempo. Para mantener abierta la arteria tras la angioplastia,
se utiliza un dispositivo de malla de alambre que se inserta en la luz
de la arteria. Este procedimiento parece reducir a la mitad el riesgo
de una nueva obstrucción arterial.
Pocos estudios han comparado los resultados de la
angioplastia con el tratamiento farmacológico. Se cree que los
índices de éxito de la angioplastia son similares a los
de la cirugía de bypass. En un estudio que compara estas dos
técnicas, el tiempo de restablecimiento fue más breve
después de la angioplastia y los riesgos de muerte y de infarto
permanecieron casi iguales durante los dos años del estudio.
En la actualidad, se están experimentando
diversas técnicas para extirpar los ateromas, como el uso de
dispositivos para reducir de tamaño las obstrucciones gruesas,
fibrosas y calcificadas. Sin embargo, todas estas técnicas, incluidas
la cirugía de bypass y la angioplastia, son solamente medidas
mecánicas para corregir el problema inmediato, ya que no curan
la enfermedad subyacente. Para mejorar el pronóstico de una forma
global, es necesario modificar los factores de riesgo.
Infarto agudo de miocardio
El infarto agudo de miocardio es una urgencia
médica en la que parte del flujo sanguíneo que llega al
corazón se ve reducido o interrumpido de manera brusca y grave
y, en consecuencia, se produce una destrucción (muerte) del músculo
cardíaco (miocardio) por falta de oxígeno.
Algunas personas usan el término ataque cardíaco
de una forma amplia, aplicándolo a otras dolencias cardíacas.
Pero en este capítulo, el término se refiere específicamente
a un infarto del miocardio.
Angioplastia
Mediante la punción de una de las
grandes arterias (en general la arteria femoral), se introduce
en el sistema arterial un catéter con un globo en una
extremidad y se dirige hacia el interior de la arteria coronaria
obstruida.
A continuación, se infla el globo para comprimir la placa
contra la pared arterial y, de este modo, dilatar la arteria.
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Causas
El infarto agudo de miocardio se produce generalmente
cuando la obstrucción de una arteria coronaria restringe gravemente
o interrumpe el suministro de sangre a una región del corazón.
Si el suministro es interrumpido o reducido significativamente durante
más de unos pocos minutos, se destruye el tejido cardíaco.
La capacidad del corazón para seguir bombeando
después de un ataque cardíaco depende directamente de
la extensión y localización del tejido lesionado (infarto).
Debido a que cada arteria coronaria alimenta una determinada sección
del corazón, la localización de la lesión depende
de la arteria obstruida. Si la lesión afecta a más de
la mitad del tejido cardíaco, el corazón, por lo general,
no puede funcionar y es probable que se produzca una grave incapacidad
o la muerte. Incluso cuando la lesión es menos extensa, el corazón
puede no ser capaz de bombear adecuadamente; se produce entonces una
insuficiencia cardíaca o un shock (que es un cuadro aún
más grave). El corazón lesionado puede agrandarse, en
parte para compensar la disminución de la capacidad de bombeo
(un corazón más grande late más enérgicamente).
El agrandamiento puede también reflejar la propia lesión
del músculo cardíaco. Cuando, después de un infarto,
el corazón se agranda, el pronóstico es peor que cuando
el corazón conserva su tamaño normal.
La causa más frecuente de obstrucción
de una arteria coronaria es un coágulo sanguíneo. Por
lo general, la arteria está ya parcialmente estrechada por ateromas.
Un ateroma puede romperse o desgarrarse y crear más obstrucción,
lo que provoca la formación de un coágulo. El ateroma
roto no sólo disminuye el flujo de sangre a través de
una arteria, sino que también hace que las plaquetas se vuelvan
más adherentes y ello aumenta aún más la formación
de coágulos.
Una causa infrecuente de infarto es un coágulo
que proceda del mismo corazón. A veces, se forma en el corazón
un coágulo (émbolo), que se desprende y se fija en una
arteria coronaria. Otra causa infrecuente es un espasmo de una arteria
coronaria que interrumpa el flujo sanguíneo Los espasmos pueden
ser causados por drogas como la cocaína o por el consumo de tabaco,
pero a veces la causa es desconocida.
Síntomas
Aproximadamente dos de cada tres personas
que tienen infarto refieren haber tenido angina de pecho intermitente,
disnea o fatiga unos pocos días antes. Los episodios de dolor
pueden volverse más frecuentes, incluso con un esfuerzo físico
cada vez menor. La angina inestable puede acabar en un infarto. Por
lo general, el síntoma más típico es el dolor en
el medio del pecho que se extiende a la espalda, el maxilar, el brazo
izquierdo o, con menor frecuencia, al brazo derecho. Puede ser que el
dolor aparezca en una o varias de estas localizaciones y, en cambio,
no en el pecho. El dolor de un infarto es similar al de la angina de
pecho pero en general es más intenso, dura más tiempo
y no se calma con el reposo o la administración de nitroglicerina.
Con menor frecuencia, el dolor se percibe en el abdomen y puede confundirse
con una indigestión, sobre todo porque el eructo puede aliviarlo
de forma parcial o transitoria.
Otros síntomas incluyen una sensación
de desvanecimiento y un pesado martilleo del corazón. Los latidos
irregulares (arritmias) pueden interferir gravemente con la capacidad
de bombeo del corazón o provocar la interrupción del mismo
(paro cardíaco), conduciendo a la pérdida de consciencia
o la muerte.
Durante un infarto, el paciente puede sentirse inquieto,
sudoroso, ansioso y experimentar una sensación de muerte inminente.
En ocasiones, los labios, las manos o los pies se vuelven ligeramente
azules (cianosis). También puede observarse desorientación
en los ancianos.
A pesar de todos estos posibles síntomas,
hasta una de cada cinco personas que sufren un infarto tiene solamente
síntomas leves o puede que ninguno en absoluto. Este infarto
silente puede que sólo se detecte algún tiempo después
de practicarse un electrocardiograma (ECG) por cualquier otro motivo.
Dolor precordial: posibles puntos
de irradiación del dolor
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Diagnóstico
Cuando un varón de más de 35
años o una mujer mayor de 50 presenta un dolor en el pecho, el
médico habitualmente considera la posibilidad de un infarto.
Pero varios otros cuadros pueden producir un dolor similar: una neumonía,
un coágulo en el pulmón (embolia pulmonar), la inflamación
de la membrana que rodea el corazón (pericarditis), una fractura
de costilla, un espasmo del esófago, una indigestión o
dolor en los músculos del pecho después de una lesión
o de un esfuerzo. Un ECG y ciertos análisis de sangre confirman,
por lo general, el diagnóstico de infarto en unas pocas horas.
El ECG es la prueba diagnóstica inicial más
importante cuando se sospecha un infarto agudo de miocardio. En muchos
casos, muestra inmediatamente que una persona está teniendo un
infarto. Según el tamaño y la localización de la
lesión del músculo cardíaco, pueden verse diferentes
anomalías en el ECG. En caso de trastornos cardíacos previos
que hubieran alterado el ECG, la lesión en curso será
más difícil de detectar. Si varios ECG efectuados en el
transcurso de varias horas son normales, es improbable que se trate
de un infarto, aunque ciertos análisis de sangre y otras pruebas
pueden ayudar a determinar el diagnóstico.
La medición de las concentraciones de ciertas
enzimas en la sangre es útil para diagnosticar un infarto. La
enzima CK-MB se encuentra normalmente en el músculo cardíaco
y, cuando éste se lesiona, es liberada dentro de la sangre. A
las 6 horas de un infarto ya se detectan concentraciones elevadas en
la sangre y persisten durante un período de 36 a 48 horas. Las
concentraciones de esta enzima se determinan en el momento del ingreso
en el hospital y luego durante 6 a 8 horas durante las 24 horas siguientes.
Cuando el ECG y la determinación de CK-MB
no proporcionan suficiente información, puede realizarse un ecocardiograma
o un estudio radioisotópico. Los ecocardiogramas pueden mostrar
una reducción de la movilidad de una parte de la pared ventricular
izquierda (la cavidad del corazón que bombea la sangre al cuerpo),
lo que sugiere una lesión por infarto. Las imágenes con
isótopos radiactivos pueden evidenciar una reducción persistente
del flujo de sangre en una región del músculo cardíaco,
lo que sugiere la existencia de una cicatriz (tejido muerto) causada
por un infarto.
Tratamiento
Un infarto agudo de miocardio es una urgencia
médica. La mitad de las muertes por infarto se produce en las
primeras 3 o 4 horas tras el comienzo de los síntomas. Cuanto
antes se inicie el tratamiento, mayores serán las probabilidades
de supervivencia. Cualquier persona que tenga síntomas que sugieran
un infarto, debería consultar a un médico de inmediato.
Generalmente, la persona con un presunto infarto
suele ingresar en un hospital equipado con una unidad coronaria. La
frecuencia cardíaca, la presión arterial y el oxígeno
en la sangre son atentamente vigilados para evaluar el grado de daño
al corazón. El personal de enfermería de estas unidades
está especialmente entrenado para asistir a los pacientes con
trastornos cardíacos y para tratar las urgencias cardíacas.

Tratamiento inicial
Por lo general, se administra inmediatamente
un comprimido masticable de aspirina. Esta terapia aumenta las probabilidades
de supervivencia al reducir el coágulo en la arteria coronaria.
Debido a que la disminución del trabajo del corazón también
contribuye a limitar la lesión, se administra un betabloqueador
para retardar la frecuencia cardíaca y, al mismo tiempo, conseguir
que el corazón tenga que esforzarse menos para bombear la sangre
hacia todo el organismo.
A menudo, se suministra oxígeno a través
de una máscara o de un tubo con los extremos introducidos en
las ventanas nasales. Esta terapia aumenta la presión del oxígeno
en la sangre, lo cual proporciona más oxígeno al corazón
y permite que la lesión del tejido cardíaco se limite
lo máximo posible.
Si se elimina la obstrucción de la arteria
coronaria rápidamente, se puede salvar el tejido cardíaco.
Para lograr este objetivo a menudo se intenta la disolución de
los coágulos sanguíneos en una arteria mediante un tratamiento
trombolítico; éste comprende la utilización de
fármacos como la estreptoquinasa, la uroquinasa o el activador
tisular del plasminógeno. Para ser eficaces, los fármacos
deben administrarse por vía intravenosa dentro de las primeras
6 horas desde el inicio de los síntomas de infarto. Después
de este tiempo, algunas lesiones ya son permanentes, por lo que la reperfusión
de la arteria probablemente ya no sea útil. El tratamiento precoz
aumenta el flujo de sangre en el 60 al 80 por ciento de los casos y
permite que la lesión del tejido cardíaco sea mínima.
La aspirina, que evita que las plaquetas formen coágulos sanguíneos,
o la heparina, que también interrumpe la coagulación,
pueden aumentar la eficacia del tratamiento trombolítico.
Debido a que la terapia trombolítica puede
causar hemorragias, generalmente no se administra a las personas que
tienen hemorragia gastrointestinal, hipertensión grave, un ictus
reciente o a las que se han sometido a una operación quirúrgica
durante el mes previo al infarto. La gente de edad avanzada que no padece
ninguna de estas afecciones también pueden someterse con seguridad
a este tratamiento.
Algunos centros especializados en el tratamiento
cardiovascular utilizan la angioplastia o la cirugía de derivación
(bypass) de las arterias coronarias inmediatamente después del
infarto, en lugar de administrar fármacos trombolíticos.
Si los fármacos utilizados para aumentar
el flujo sanguíneo de las arterias coronarias no alivian también
el dolor y el malestar del paciente, se inyecta morfina. Este fármaco
tiene un efecto calmante y reduce el trabajo del corazón. La
nitroglicerina puede calmar el dolor al reducir el trabajo del corazón;
por lo general, en un primer momento se administra por vía intravenosa.
Tratamiento posterior
Debido a que la excitación, el esfuerzo
físico y el malestar emocional someten el corazón al estrés
y lo hacen trabajar más intensamente, la persona que acaba de
tener un infarto debería guardar cama en una habitación
tranquila durante algunos días. Las visitas suelen limitarse
a miembros de la familia y amigos íntimos. Se puede ver la televisión
siempre y cuando los programas no causen estrés. Dado que fumar
es el principal factor de riesgo para la enfermedad de las arterias
coronarias y el infarto, en casi todos los hospitales está prohibido
fumar y especialmente en las unidades coronarias. Además, un
infarto es una razón convincente para abandonar este hábito.
Los enemas intestinales y los laxantes suaves pueden
utilizarse para evitar el estreñimiento. Si la persona no puede
orinar o bien debe controlarse la cantidad de orina producida, se utiliza
una sonda vesical.
El nerviosismo y la depresión son frecuentes
tras un infarto. Debido a que un gran nerviosismo puede aumentar la
actividad del corazón, puede administrarse un tranquilizante
ligero. Para hacer frente a una depresión ligera y a una negación
de la enfermedad, que son frecuentes tras sufrir un infarto, conviene
que los pacientes y sus familiares y amigos hablen de todo lo que les
preocupe con los médicos, el personal de enfermería y
los asistentes sociales.
Los fármacos denominados inhibidores de la
enzima conversora de la angiotensina (ECA) pueden reducir el aumento
de tamaño del corazón en muchos pacientes que sufren un
infarto. Por consiguiente, estos medicamentos se administran sistemáticamente
a los pacientes pocos días después del infarto.
Pronóstico y
prevención
Las personas que sobreviven algunos días
tras un infarto, por lo general, pueden esperar un completo restablecimiento,
aunque un 10 por ciento fallecerán antes de transcurrido un año.
Las muertes se producen, habitualmente, en los primeros 3 o 4 meses,
típicamente en pacientes que continúan teniendo angina
de pecho, arritmias ventriculares e insuficiencia cardíaca.
Para valorar si una persona tendrá más
trastornos cardíacos en el futuro o si necesitará un tratamiento
adicional, se pueden llevar a cabo ciertas pruebas. Por ejemplo, puede
utilizarse un monitor Holter para registrar un ECG durante 24 horas,
con lo que el médico podrá detectar si se producen arritmias
o episodios de isquemia silenciosa. Una prueba de esfuerzo (en la que
el paciente corre sobre una cinta móvil mientras se registra
un ECG) antes o poco después del alta del hospital puede contribuir
a determinar el estado del corazón tras el infarto y si la isquemia
continúa. Si estas pruebas revelan la presencia de arritmias
o isquemia, es recomendable un tratamiento farmacológico. Si
la isquemia persiste, puede realizarse una arteriografía coronaria
para evaluar la posibilidad de una angioplastia o de una operación
de derivación (bypass) para restablecer el flujo sanguíneo
al corazón.
Tras un infarto de miocardio, muchos médicos
recomiendan tomar un comprimido de aspirina infantil, la mitad de un
comprimido para adultos o un comprimido completo para adultos. Debido
a que la aspirina evita que las plaquetas formen coágulos, reduce
también el riesgo de muerte y el riesgo de un segundo infarto
en un 15 a un 30 por ciento. Las personas con alergia a la aspirina
pueden tomar ticlopidina. Así mismo, se prescriben betabloqueadores
porque disminuyen el riesgo de muerte en un 25 por ciento. Cuanto más
grave es el infarto, más beneficios se obtendrán de la
administración de estos fármacos. Sin embargo, algunas
personas no toleran los efectos secundarios y tampoco se obtienen efectos
beneficiosos en todos los casos.
Rehabilitación
La rehabilitación cardíaca es
una parte importante del restablecimiento. El reposo en cama durante
más de 2 o 3 días provoca un rápido deterioro físico
y a veces depresión y una sensación de desamparo. Salvo
complicaciones, los pacientes con un infarto por lo general mejoran
progresivamente y pueden, después de dos o tres días,
sentarse, hacer ejercicios pasivos, caminar hasta el baño y hacer
trabajos ligeros o leer. Los pacientes son dados de alta, por lo general,
en una semana o antes.
En las 3 a 6 semanas siguientes, la persona debería
aumentar la actividad paulatinamente. La mayoría puede reanudar
la actividad sexual sin peligro una o dos semanas después del
alta. Si no se producen disnea ni dolor de pecho, las actividades normales
pueden reanudarse de forma completa al cabo de unas 6 semanas.
Después de un infarto del corazón,
el médico y el paciente deberían hablar acerca de los
factores de riesgo que contribuyen a la enfermedad de las arterias coronarias,
sobre todo aquellos que el paciente puede cambiar. Dejar de fumar, reducir
el peso, controlar la presión arterial, reducir los valores sanguíneos
del colesterol con una dieta o con medicación y realizar ejercicios
aeróbicos diariamente son medidas que disminuyen el riesgo de
padecer una enfermedad de las arterias coronarias.