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ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES
CAPITULO 30
Trastornos
de las venas y linfáticos
Válvulas unidireccionales en las venas Estas dos ilustraciones muestran el funcionamiento
de las válvulas en las venas. La ilustración de
la izquierda muestra las válvulas abiertas por efecto
del flujo sanguíneo normal; en la ilustración
de la derecha las válvulas están cerradas por
el efecto del reflujo de sangre.
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| Válvulas abiertas |
Válvulas cerradas |
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Las venas llevan la sangre
desde todos los órganos hasta el corazón. Los problemas
principales de las venas son la inflamación, la coagulación
y los defectos que conducen a la dilatación y las varices.
El sistema linfático consiste en vasos de
paredes finas que se encargan de drenar fluidos, proteínas, minerales,
nutrientes y otras sustancias desde todos los órganos hacia el
interior de las venas. Este sistema hace que el fluido pase a través
de los ganglios linfáticos, que proveen una protección
contra la diseminación de las infecciones o del cáncer
y, finalmente, el contenido se vacía dentro del sistema venoso
del cuello. Los principales trastornos del sistema linfático
se producen cuando los vasos son incapaces de contener el volumen de
fluido que va a circular en su interior y cuando se obstruyen por causa
de un tumor o una inflamación.
Las piernas contienen dos grupos principales de
venas: las superficiales, ubicadas en la capa grasa debajo de la piel,
y las profundas, localizadas en los músculos. Existen unas venas
cortas que conectan las superficiales con las profundas. Normalmente,
la presión de la sangre en todas las venas es baja; y en las
piernas, esta presión baja puede representar un problema. Cuando
una persona está de pie, la sangre debe circular desde las venas
de las piernas hacia arriba hasta alcanzar el corazón. Las venas
profundas desempeñan un papel crucial en la propulsión
de la sangre hacia arriba, ya que al estar ubicadas dentro de los poderosos
músculos de la pantorrilla, estas venas son fuertemente comprimidas
con cada paso. Al igual que cuando se aprieta un tubo de pasta dentífrica,
la compresión de las venas profundas empuja la sangre hacia arriba.
Estas venas transportan el 90 por ciento o más de la sangre que
va de las piernas al corazón.
Para mantener este sentido ascendente del flujo
sanguíneo, las venas profundas contienen válvulas de una
sola dirección. Cada válvula está formada por dos
mitades (cúspides) cuyos bordes hacen contacto entre sí.
La sangre empuja las cúspides, que se abren como un par de puertas
giratorias; pero cuando la sangre tiende a retornar en la dirección
opuesta, forzada por la gravedad, empuja las cúspides para que
éstas se cierren.
Las venas superficiales tienen el mismo tipo de
válvulas, pero no están sujetas a ninguna presión
porque no están rodeadas de músculos. Por ello la sangre
de las venas superficiales fluye más lentamente que la sangre
de las venas profundas. Gran parte del flujo sanguíneo que circula
por las venas superficiales es desviado hacia las profundas mediante
venas cortas que conectan los dos sistemas.
Trombosis de las venas
profundas
La trombosis de las venas profundas es la
coagulación de la sangre en las venas profundas.
Un coágulo que se forma en un vaso sanguíneo
se denomina trombo. Aunque los trombos se producen en las venas superficiales
y en las profundas de la pierna, sólo estos últimos son
potencialmente peligrosos. La trombosis de las venas profundas es peligrosa
porque una parte o todo el trombo se puede desprender, desplazarse por
el flujo sanguíneo, fijarse en una arteria pulmonar y, en consecuencia,
obstruir el flujo sanguíneo. Un trombo en movimiento recibe el
nombre de émbolo. Cuanto menor es la inflamación alrededor
del trombo, menos se adhiere a la pared venosa y mayor es la probabilidad
de que se transforme en un émbolo. La presión que ejercen
los músculos de la pantorrilla puede provocar el desprendimiento
del trombo, sobre todo cuando una persona convaleciente va realizando
cada vez más actividad.
Debido a que la sangre de las venas de las piernas
va al corazón y luego a los pulmones, los émbolos originados
en las venas de las piernas obstruirán una o más arterias
de los pulmones, una afección denominada embolia pulmonar. La
gravedad de la embolia pulmonar depende del tamaño y la cantidad
de émbolos. Un émbolo pulmonar grande puede obstruir toda
o casi toda la sangre que va desde el lado derecho del corazón
a los pulmones y, por lo tanto, puede causar rápidamente la muerte.
No obstante, estos émbolos masivos no son frecuentes, pero no
se puede predecir cuándo una trombosis de una vena profunda,
no tratada, evolucionará a una embolia masiva. Por esta razón,
el médico vigila con sumo cuidado a toda persona con una trombosis
de una vena profunda.
Trombosis venosa profunda del miembro inferior
izquierdo Obsérvese el aumento de volumen y la pérdida
de los contornos normales de la pierna, el tobillo y el pie.
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La trombosis de las venas
profundas no debería ser confundida con una flebitis de las varices,
que es un proceso que causa dolor pero, en comparación, es mucho
menos peligroso.
Causas
Tres factores fundamentales contribuyen al desarrollo
de una trombosis de las venas profundas: 1) lesiones del revestimiento
interno de la vena; 2) hipercoagulabilidad asociada a algunas formas
de cáncer y, en raras ocasiones, al uso de anticonceptivos orales,
y 3) retardo del flujo sanguíneo en las venas por un prolongado
reposo en cama, debido a que los músculos de la pantorrilla no
se contraen y no empujan la sangre hacia el corazón. Por ejemplo,
la trombosis de las venas profundas puede producirse en pacientes con
un infarto de miocardio que permanecen en cama en el hospital durante
varios días y que prácticamente no realizan ningún
movimiento de las piernas, o en los parapléjicos, que suelen
estar sentados durante largos períodos y cuyos músculos
no funcionan. Las heridas o la cirugía mayor también aumentan
la tendencia de la sangre a coagularse. La trombosis puede incluso producirse
en las personas sanas que están sentadas durante largos períodos,
por ejemplo, durante viajes en coche o vuelos muy largos en avión.
Síntomas
Alrededor de la mitad de los casos de trombosis
de las venas profundas no tiene síntomas. En estas personas,
la aparición de dolor de pecho por una embolia pulmonar puede
ser la primera indicación del trastorno. Cuando la trombosis
de las venas profundas causa inflamaciones sustanciales y obstrucción
del flujo sanguíneo, la pantorrilla se hincha y puede doler,
ser dolorosa al tacto y estar caliente. El tobillo, el pie o el muslo
también pueden hincharse según cuáles sean las
venas afectadas.
Algunos trombos se curan convirtiéndose en
tejido cicatricial, lo que puede lesionar las válvulas de las
venas. La consiguiente acumulación de líquido (edema)
puede hacer que el tobillo se hinche. El edema sube hacia la pierna
y si la obstrucción en la vena se localiza muy arriba, incluso
el muslo puede hincharse. El edema empeora hacia el final del día
debido al efecto de la gravedad cuando se ha estado de pie o sentado.
Durante la noche el edema desaparece porque las venas se vacían
bien cuando las piernas están horizontales.
Un síntoma tardío de la trombosis
de las venas profundas es la aparición de un color marrón
de la piel, por lo general, por encima del tobillo. Esta alteración
del color es debida a los glóbulos rojos que se escapan de las
venas dilatadas hacia afuera. La piel pigmentada es vulnerable, e incluso
una lesión menor como un rasguño o un golpe pueden romperla
y provocar una úlcera.
Diagnóstico
La trombosis de las venas profundas es difícil
de detectar debido a la ausencia de dolor y, con frecuencia, de hinchazón,
ya que a veces ésta es muy ligera. Cuando se sospecha el trastorno,
una exploración con ultrasonidos de las venas de la pierna (ecografía
dúplex) puede confirmar el diagnóstico. Si aparecen síntomas
de embolia pulmonar se practican gammagrafías con isótopos
radiactivos de los pulmones para confirmar el diagnóstico y una
ecografía dúplex para explorar las piernas.
Prevención y
tratamiento
Aunque el riesgo de trombosis de las venas
profundas no puede ser eliminado por completo, se puede reducir de varias
formas. Las personas que tienen el riesgo de desarrollar trombosis de
las venas profundas (por ejemplo, cuando se acaba de salir de una intervención
quirúrgica de importancia o cuando se realiza un largo viaje),
deben flexionar y extender los tobillos unas 10 veces cada 30 minutos.
El uso continuado de calcetines elásticos
(medias elásticas) hace que las venas se estrechen ligeramente
y que la sangre fluya más rápido, lo que reduce la probabilidad
de coagulación. Sin embargo, los calcetines elásticos
proporcionan una protección mínima y pueden dar una falsa
sensación de seguridad, renunciando a otros métodos más
eficaces de prevención. Además si no se usan correctamente,
pueden producirse dobleces que aprieten y agraven el problema por la
obstrucción del flujo de sangre en las piernas.
La terapia anticoagulante antes, durante y a veces
después de la cirugía, reduce la coagulación de
la sangre mucho más eficazmente.
Examen ultrasonográfico para la trombosis
venosa profunda de un miembro inferior
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Los calcetines neumáticos
son otra forma efectiva de evitar los coágulos. Generalmente
están hechos de plástico y son inflados y desinflados
automáticamente con un dispositivo eléctrico para que
aprieten las pantorrillas y vacíen las venas. Estos calcetines
se colocan antes de la cirugía y se mantienen durante la operación
y también en el período postoperatorio hasta que el paciente
vuelve a caminar.
Hinchazón de
las piernas
La hinchazón puede eliminarse con reposo
en cama manteniendo las piernas elevadas o con el uso de vendajes compresivos.
Estas vendas deben ser colocadas por un médico o personal de
enfermería experimentado y deben mantenerse puestas durante varios
días. Durante este tiempo, es importante caminar. Si la hinchazón
no desaparece por completo, el vendaje debe colocarse de nuevo.
Las venas nunca se restablecen después de
una trombosis de una vena profunda y la cirugía para corregir
este problema todavía es experimental. Una vez que se quitan
los vendajes compresivos, se usan calcetines elásticos todos
los días para evitar la recurrencia de la hinchazón. Los
calcetines no deben llegar por encima de la rodilla, ya que la hinchazón
por encima de ella es un problema de poca importancia y no provoca complicaciones.
Los calcetines elásticos semejantes a los leotardos o los pantys
fuertes, por lo general, no son necesarios.
Úlceras de la
piel
Si se producen úlceras dolorosas, los
vendajes compresivos colocados adecuadamente pueden ser de ayuda. Colocados
una o dos veces por semana, estos vendajes casi siempre son curativos
por el aumento del flujo sanguíneo que provocan en las venas.
Las cremas para la piel, los bálsamos o los medicamentos tópicos
de cualquier tipo tienen muy poco efecto. Las úlceras casi siempre
se infectan y, cada vez que se cambia el vendaje, aparece sobre éste
pus con una secreción maloliente. El pus y las secreciones pueden
lavarse con agua y jabón, ya que ello no retrasa sustancialmente
la curación.
Una vez que el flujo sanguíneo en las venas
ha aumentado, la úlcera se cura por sí misma. Tras la
curación, el uso diario de calcetines elásticos puede
prevenir una recurrencia. Los calcetines deben ser reemplazados si se
nota que se vuelven demasiado flojos. Si el presupuesto lo permite,
se deberían comprar siete calcetines (o siete pares de calcetines,
si ambas piernas están afectadas). Cada uno debería marcarse
con un día de la semana y usarlos solamente ese día, a
continuación, lavarlo y guardarlo para la semana siguiente. De
este modo, estos calcetines pueden durar bastante más tiempo.
En raras ocasiones, las úlceras que no se
curan pueden precisar un injerto de piel.
Flebitis superficial
La flebitis superficial (tromboflebitis, flebitis)
es la inflamación y coagulación en una vena superficial.
La flebitis se produce en cualquier vena del cuerpo,
pero afecta con más frecuencia a las venas de las piernas. Generalmente,
la flebitis aparece en personas con varices; sin embargo, no todas las
personas que tienen varices desarrollan este trastorno.
Incluso una herida ligera puede provocar la inflamación
de una vena. A diferencia de la trombosis de una vena profunda, que
causa muy poca inflamación y es indolora, la flebitis superficial
implica una reacción inflamatoria repentina (aguda) que hace
que el trombo se adhiera firmemente a las paredes de la vena, por lo
que la probabilidad de que se desprenda es prácticamente nula.
Como las venas superficiales no tienen alrededor músculos que
las aprieten y que hagan desprender un trombo, la flebitis superficial
raramente causa una embolia.
Síntomas y diagnóstico
Rápidamente se siente sobre la vena un dolor
localizado, hinchazón y eritema, y la zona se nota caliente.
Debido a que la sangre de la vena está coagulada, ésta
se siente como una cuerda dura debajo de la piel, en lugar de blanda
como una vena normal o una variz. Esta sensación puede abarcar
toda la longitud de la vena. El diagnóstico es generalmente obvio
a partir de la exploración de la zona dolorida.
Tratamiento
Por lo general, la flebitis desaparece por
sí sola. La administración de un analgésico, como
la aspirina o el ibuprofeno, alivia el dolor. Aunque la flebitis mejora
en cuestión de días, pueden pasar varias semanas antes
de que las irregularidades de la vena y la sensación de dolor
desaparezcan por completo. Por ello, para proporcionar un alivio precoz,
el médico puede inyectar un anestésico local, extraer
el trombo y luego colocar un vendaje de compresión, que deberá
llevarse durante varios días.
Cuando la flebitis superficial se produce en la
ingle, donde la vena superficial principal se une a la vena profunda
principal, el trombo puede llegar hasta el interior de la vena profunda
y desprenderse. Para prevenir esta situación, algunos cirujanos
recomiendan una intervención urgente para atar la vena superficial.
Generalmente, este tipo de cirugía se efectúa con anestesia
local y sin que sea necesario ingresar en el hospital; las actividades
habituales pueden reanudarse enseguida.
Varices
Las varices o venas varicosas son venas superficiales
dilatadas de las piernas.
La causa precisa de las varices se desconoce, pero
probablemente se debe a una debilidad en las paredes de las venas superficiales,
que puede ser hereditaria. Con el paso de los años, la debilidad
hace que las venas pierdan su elasticidad. Se estiran y se vuelven largas
y más anchas. Para que puedan caber en el mismo espacio que ocupaban
cuando eran normales, las venas agrandadas se vuelven tortuosas, con
un aspecto serpenteante cuando abultan en la piel. Más importante
que el alargamiento es el ensanchamiento, que hace que las valvas de
la válvula se separen. Como resultado de ello, las venas se llenan
rápidamente de sangre cuando la persona se para y las venas tortuosas
y de paredes finas se agrandan aún más. La dilatación
también afecta a algunas de las venas comunicantes, que normalmente
permiten que la sangre fluya en una sola dirección desde las
venas superficiales hacia las venas profundas. Si las válvulas
de las venas comunicantes fallan, la sangre refluye a las venas superficiales
cuando los músculos aprietan las venas profundas y causan un
estiramiento adicional de las venas superficiales.
Válvulas en las varices En una vena normal, las cúspides
de las válvulas se cierran para impedir un retroceso
del flujo de sangre. En una vena varicosa, las cúspides
no se cierran, debido al ensanchamiento anormal de las venas,
y se produce un flujo retrógrado.
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| Vena normal |
Vena varicosa |
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Síntomas y complicaciones
Además de ser antiestéticas,
las varices con frecuencia duelen y hacen sentir las piernas cansadas.
Muchas personas, sin embargo, incluso cuando las venas son muy grandes,
pueden no sentir dolor. Se pueden sentir picores en la parte inferior
de la pierna y el tobillo, sobre todo cuando la pierna está caliente
como sucede después de quitarse los calcetines o las medias.
Los picores pueden provocar el rascado y causar rasguños, enrojecimiento
o erupciones, que a menudo se atribuyen erróneamente a la sequedad
de la piel. En ocasiones los síntomas son peores cuando las varices
se están desarrollando que cuando están completamente
formadas.
Sólo un pequeño porcentaje de personas
con varices tiene complicaciones, como dermatitis, flebitis o hemorragias.
La dermatitis produce una erupción rojiza, con escamas y picores,
o bien una zona de color marrón en la parte interna de la pierna
por encima del tobillo. Un rasguño o una herida menor pueden
causar una úlcera dolorosa que no se cura.
La flebitis puede producirse espontáneamente
o ser debida a una herida. Aunque por lo general es dolorosa, la flebitis
que se produce en una variz raramente ocasiona problemas graves.
Si la piel que cubre una variz o las venas aracniformes
es delgada, una herida menor, producida al afeitarse o rascarse, puede
causar una hemorragia. Las úlceras también pueden causar
hemorragia
Diagnóstico
Las varices se observan como abultamientos
debajo de la piel, pero los síntomas pueden aparecer antes de
que sean visibles. En este caso, un médico experimentado puede
palpar la pierna para determinar la extensión completa del trastorno.
Algunos médicos solicitan radiografías
o exploraciones con ultrasonidos (ecografía-Doppler) para evaluar
el funcionamiento de las venas profundas. Pero estas pruebas sólo
son necesarias si los cambios en la piel sugieren un mal funcionamiento
de estas venas o si el tobillo está hinchado a causa de un edema
(acumulación de líquido en el tejido debajo de la piel).
Las varices por sí solas no causan edema.
Tratamiento
Debido a que las varices no se curan, el tratamiento
se dirige sobre todo a aliviar los síntomas, mejorar el aspecto
y prevenir las complicaciones. La elevación de las piernas (ya
sea acostándose o usando un escabel al sentarse) alivia los síntomas
de las varices pero no las evita. Las varices que aparecen durante el
embarazo mejoran mucho durante las 2 o 3 semanas posteriores al parto;
durante este período, no deberían ser tratadas.
Los calcetines elásticos (medias elásticas)
comprimen las venas y evitan que sufran estiramientos y heridas. Los
pacientes que no desean operarse ni tratarse con inyecciones o que tienen
alguna enfermedad que les impide adoptar estos tratamientos, pueden
optar por usar calcetines elásticos.
Cirugía
La cirugía tiene como objetivo extraer
la mayor cantidad de venas varicosas posible. La vena superficial más
larga es la vena safena interna, que va desde el tobillo a la ingle,
donde se une a la vena profunda principal. La vena safena se extrae
con un procedimiento llamado escisión venosa. El cirujano hace
dos incisiones, una en la ingle y otra en el tobillo y agujerea la vena
en cada extremo.
| Procedimiento
de varicectomía |
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Luego introduce un alambre flexible a través
de la vena hasta el otro extremo y tira de él para extraer la vena.
Para extraer la mayor cantidad posible de varices, se hacen más
incisiones en otras zonas. Dado que las venas superficiales tienen un
papel menos significativo que las venas profundas en el retorno de la
sangre al corazón, su extracción no perjudica la circulación
si las profundas funcionan normalmente. Dado que este procedimiento es
largo, frecuentemente se hace bajo anestesia general. Aunque la cirugía
alivia los síntomas y previene las complicaciones, el procedimiento
deja cicatrices. Cuanto más extensa es la cirugía, más
tiempo transcurre antes de que se desarrollen nuevas varices; sin embargo,
la tendencia a desarrollar nuevas varices no se elimina.
Terapia con inyecciones
(escleroterapia)
En la terapia con inyecciones, una alternativa
a la cirugía, las venas están esclerosadas de modo que
la sangre no puede pasar a través de ellas. Se inyecta una solución
que irrita la vena y causa un trombo. En esencia, este procedimiento
produce un tipo inocuo de flebitis superficial. La curación del
trombo conduce a la formación de tejido cicatricial y obstruye
la vena. Sin embargo, el trombo puede disolverse en vez de cicatrizar
y, por tanto, la variz se reabre.
La terapia con inyecciones o escleroterapia era
frecuente hacia mediado el siglo xx pero cayó en desuso por los
escasos resultados y las complicaciones producidas. Muchos de los medicamentos
utilizados no habían sido probados de forma adecuada y causaban
efectos secundarios desagradables o incluso peligrosos. Como el procedimiento
parecía simple, muchos médicos trataban de llevarlo a
cabo sin tener una experiencia suficiente. Las técnicas actuales
han aumentado las probabilidades de obtener buenos resultados y son
seguras para las varices de todos los tamaños.
Si el diámetro de la vena donde se realiza
la inyección se reduce por compresión mediante una técnica
de vendaje especial, el tamaño del trombo disminuye y aumenta
la posibilidad de que se forme un tejido cicatricial, que es lo que
se busca. Una ulterior ventaja de la técnica más reciente
es que la compresión adecuada elimina el dolor, que habitualmente
se asocia con una flebitis de una vena superficial.
A pesar de que la terapia con inyecciones requiere
más tiempo que la cirugía, no se necesita anestesia, las
nuevas varices pueden ser tratadas a medida que se desarrollan y las
personas pueden continuar con sus actividades habituales diarias entre
cada sesión de tratamiento. Sin embargo, incluso con estas técnicas
modernas, algunos médicos consideran la terapia con inyecciones
sólo cuando las varices recurren después de la cirugía
o cuando una persona desea mejorar su estética.
Aspecto de una fístula arteriovenosa
Paso anormal de sangre de una arteria a una vena.
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Las varices se asocian a
menudo con venas aracniformes (arañas vasculares), incorrectamente
llamadas capilares rotos. A pesar de que las venas aracniformes pueden
ser causadas por la propia presión de la sangre estancada en
las varices, se cree que son el resultado de factores hormonales desconocidos,
los cuales explicarían por qué afectan con mayor frecuencia
a las mujeres y sobre todo durante el embarazo. Cuando las venas aracniformes
causan dolor o una sensación de ardor o son antiestéticas,
se tratan con escleroterapia.
Fístula arteriovenosa
Una fístula arteriovenosa es una comunicación
anómala entre una arteria y una vena.
Normalmente, la sangre fluye desde las arterias
hacia los capilares y luego hacia las venas. Pero cuando existe una
fístula arteriovenosa, la sangre fluye directamente desde una
arteria hacia una vena, sin pasar por los capilares. Una persona puede
nacer con una fístula arteriovenosa (fístula congénita)
o bien ésta puede aparecer después del nacimiento (fístula
adquirida).
Las fístulas arteriovenosas congénitas
son infrecuentes. Las adquiridas pueden ser causadas por cualquier herida
que lesione una arteria y una vena que se encuentran juntas. Lo más
habitual es que se trate de una herida penetrante causada por arma blanca
o de fuego. La fístula puede aparecer inmediatamente o desarrollarse
a las pocas horas. La zona puede hincharse rápidamente si se
escapa sangre hacia los tejidos circundantes.
Algunos tratamientos médicos (por ejemplo,
la diálisis renal) hacen necesaria la perforación de una
vena cada vez que se lleva a cabo. Si se llevan a cabo muchas perforaciones
repetidas, la vena se inflama y se puede producir una coagulación;
finalmente la vena puede quedar obliterada por tejido cicatricial. Para
evitar este problema, se crea deliberadamente una fístula arteriovenosa,
en general, entre una vena y una arteria cercanas del brazo. Este procedimiento
ensancha la vena, haciendo que la inserción de la aguja sea más
fácil y, en consecuencia, la sangre fluye más rápido
y tiene menos probabilidades de coagularse. A diferencia de algunas
fístulas arteriovenosas grandes, estas pequeñas fístulas
no causan trastornos cardíacos y pueden cerrarse cuando ya no
son necesarias.
Síntomas y diagnóstico
Cuando las fístulas arteriovenosas
congénitas están cerca de la superficie de la piel, aparecen
hinchadas y de un color azul rojizo. En algunos lugares, como la cara,
adquieren un color púrpura y pueden ser antiestéticas.
Si una fístula arteriovenosa grande no es
tratada, un gran volumen de sangre a mayor presión fluye de la
arteria hacia el interior de la red venosa. Como las paredes de la vena
no son lo bastante fuertes como para resistir esta presión, se
estiran y las venas se dilatan y abultan (en ocasiones parecen varices).
El retorno anormalmente rápido de la sangre al corazón
a través de la comunicación arteriovenosa puede provocar
tensión en el corazón y causar insuficiencia cardíaca.
Cuanto más grande es la fístula, con más rapidez
se puede desarrollar la insuficiencia cardíaca.
Colocando un fonendoscopio por encima de una gran
fístula arteriovenosa adquirida, se puede auscultar un sonido
característico de vaivén, como el de un mecanismo en movimiento
(un soplo en maquinaria). Para confirmar el diagnóstico y determinar
la extensión del problema, se inyecta un producto de contraste
en los vasos sanguíneos para distinguirlos claramente en las
radiografías. Este contraste, que muestra el trazado del flujo
sanguíneo, se puede ver mediante radiografías (angiografías).

Tratamiento
Las pequeñas fístulas arteriovenosas
congénitas se eliminan o destruyen mediante una terapia de coagulación
con láser. Este procedimiento debe ser realizado por un cirujano
vascular hábil porque las fístulas son a veces más
extensas de lo que parecen sobre la superficie. Las fístulas
arteriovenosas cercanas al ojo, al cerebro o a otras estructuras importantes
son especialmente difíciles de tratar.
Las fístulas arteriovenosas contraídas
son corregidas lo antes posible tras el diagnóstico. Si el cirujano
no puede alcanzar la fístula fácilmente (por ejemplo,
cuando está en el cerebro), ésta puede tratarse mediante
la obstrucción de la arteria con técnicas complejas de
inyección que provocan la formación de trombos, lo que
interrumpe el flujo de sangre dentro de la fístula.
Linfedema
El linfedema es la hinchazón causada
por una interferencia con el drenaje normal de la linfa a la sangre.
En raras ocasiones, el linfedema es evidente al
nacer. Más a menudo, aparece en fases posteriores de la vida
debido a causas congénitas o adquiridas.
El linfedema congénito se debe a que la persona
nace con un número reducido de vasos linfáticos, que son
insuficientes para contener toda la linfa. El problema casi siempre
afecta a las piernas y, en raras ocasiones, los brazos. Las mujeres
tienen mayor probabilidad que los varones de tener linfedema congénito.
Aunque la hinchazón se puede observar desde
el nacimiento, en general, los vasos linfáticos en este momento
son adecuados para la pequeña cantidad de linfa que posee un
lactante. Con mayor frecuencia, la hinchazón aparece posteriormente
cuando el volumen de linfa aumenta y supera la capacidad del reducido
número de vasos linfáticos. La hinchazón comienza
gradualmente en una de las piernas o en ambas. La primera señal
de linfedema puede ser la hinchazón del pie, que hace que el
calzado sea apretado al final del día y deje marcas en la piel.
En las etapas iniciales de esta dolencia, este síntoma desaparece
cuando se eleva la pierna. (Muchas personas que no tienen linfedema
experimentan hinchazón después de haber estado de pie
durante períodos prolongados). El linfedema congénito
se agrava con el paso del tiempo; la hinchazón se vuelve más
evidente y no desaparece por completo incluso tras una noche de reposo.
El linfedema adquirido es más frecuente que
el congénito. Aparece generalmente después de una cirugía
mayor, sobre todo tras un
Una de las causas
de linfedema
La mastectomía con remoción de
ganglios linfáticos es una de las causas de linfedema
(en este caso en el brazo izquierdo).
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tratamiento de cáncer
en el que se han extirpado los ganglios linfáticos y los vasos
linfáticos o bien cuando éstos han sido irradiados con
rayos X. Por ejemplo, el brazo puede volverse propenso a la hinchazón
después de la extirpación de una mama con cáncer
y de los ganglios linfáticos cercanos. La cicatrización
de vasos linfáticos que sufren infecciones de forma repetida
también puede causar linfedema, pero es muy infrecuente, excepto
en infecciones por el parásito tropical Filaria.
En el linfedema adquirido, la piel parece sana pero
está hinchada. Si se presiona la zona con un dedo no queda señal,
como sucede cuando la hinchazón por acumulación de líquidos
(edema) es el resultado de un flujo inadecuado de sangre por las venas.
En raras ocasiones, la extremidad se hincha exageradamente y la piel
es tan gruesa y arrugada que tiene el aspecto de la piel de un elefante
(elefantiasis).
Tratamiento
El linfedema no tiene curación. En casos
leves, los vendajes compresivos reducen la hinchazón; en los
más graves, se usan calcetines neumáticos todos los días
durante una hora o dos para reducir la hinchazón. Una vez que
la hinchazón se ha reducido, se utilizan calcetines elásticos
hasta la rodilla todos los días desde el momento de levantarse
hasta acostarse. Esto controla la hinchazón hasta cierto punto.
Para el linfedema en el brazo, se emplean guantes neumáticos
(parecidos a los calcetines neumáticos) diariamente para reducir
la hinchazón; así mismo, también existen guantes
elásticos. Para la elefantiasis, puede llevarse a cabo una intervención
quirúrgica mayor para extraer la mayor parte de los tejidos hinchados
bajo la piel.
Lipedema
El lipedema es una acumulación anómala
de grasa bajo la piel, habitualmente en la parte inferior de la pierna
entre la pantorrilla y el tobillo.
El lipedema es mucho más frecuente en las
mujeres y se encuentra presente desde el nacimiento. Aunque es similar
al linfedema, se trata de un trastorno diferente.
Ambas piernas se ven afectadas. La parte inferior
de las piernas y los tobillos pierden su contorno normal, pero el aumento
de volumen se interrumpe precisamente debajo de los huesos de los tobillos
y no incluye los pies. Las piernas se ven hinchadas y pueden doler.
Si se presiona con un dedo sobre la pierna no queda marca alguna. La
piel de las piernas se ve normal pero puede ser dolorosa, posiblemente
debido a la acumulación subyacente de grasa. La liposucción
puede mejorar notablemente la forma de las piernas.