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TRASTORNOS DEL APARATO RESPIRATORIO
CAPITULO 36
Bronquiectasias y atelectasia
Tanto las bronquiectasias como la atelectasia son
el resultado de una lesión parcial del tracto respiratorio. En
las bronquiectasias, los afectados son los bronquios (vías aéreas
que se originan a partir de la tráquea). En la atelectasia, una
parte del pulmón se reduce de tamaño (colapso) debido
a la pérdida de aire.
Bronquiectasias
Bronquiectasias Las
bronquiectasias corresponden a la dilatación de los bronquios.
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Las bronquiectasias son la
dilatación irreversible de uno o varios bronquios a consecuencia
de lesiones en la pared bronquial.
La bronquiectasia no es en sí una sola enfermedad
sino que se produce por varias vía s y como consecuencia de diversos
procesos que lesionan la pared bronquial al interferir con sus defensas,
ya sea de forma directa o indirecta. La afección puede ser difusa
o manifestarse solamente en un área o en dos. Es típica
la dilatación de los bronquios medios, pero a menudo los bronquios
pequeños presentan engrosamiento u obliteración. En ocasiones,
una forma de bronquiectasia que afecta a los grandes bronquios se produce
en la aspergilosis broncopulmonar alérgica, una afección
causada por una respuesta inmune al hongo Aspergillus.
Normalmente, la pared bronquial está formada
por varias capas que varían en grosor y en composición
según las diversas partes de las vías aéreas. El
revestimiento interno (mucosa) y la capa inmediatamente inferior (submucosa)
contienen células que ayudan a proteger las vías aéreas
pequeñas y los pulmones de las sustancias potencialmente peligrosas.
Unas segregan mucosidad, otras son células ciliadas con finas
estructuras semejantes a los pelos, cuyos movimientos ayudan a eliminar
las partículas y las mucosidades de las vías aéreas
pequeñas. Otras células también desempeñan
un papel en la inmunidad y en la defensa del organismo contra los microorganismos
invasores y sustancias nocivas. Fibras elásticas y musculares
y una capa cartilaginosa proporcionan estructura a las vías áreas,
permitiendo la variación de su diámetro según las
necesidades. Los vasos sanguíneos y el tejido linfático
proporcionan los nutrientes y protegen la pared bronquial.
En las bronquiectasias se encuentran áreas
de la pared bronquial destruidas y crónicamente inflamadas; las
células ciliadas están también dañadas o
destruidas y la producción de mucosidad está aumentada.
Además, se pierde el tono normal de la pared. El área
afectada se vuelve más dilatada y fláccida, pudiendo producir
protuberancias o bolsas semejantes a pequeños globos. El aumento
de la mucosidad promueve el crecimiento de las bacterias, obstruye los
bronquios y favorece el estancamiento de las secreciones infectadas,
con lesión ulterior de la pared bronquial. La inflamación
puede extenderse a los sacos de aire de los pulmones (alvéolos)
y producir bronconeumonía, formación de tejido cicatricial
y una pérdida del tejido pulmonar sano. En los casos graves,
el corazón puede finalmente esforzarse excesivamente a causa
de la cicatrización y de la pérdida de vasos sanguíneos
en el pulmón. Además, la inflamación de los vasos
sanguíneos de la pared bronquial puede provocar una expectoración
sanguinolenta. La obstrucción de las pequeñas vías
aéreas puede producir valores anormalmente bajos de oxígeno
en la sangre.
Muchas afecciones pueden causar bronquiectasias,
siendo la más frecuente la infección, sea crónica
o recurrente. La respuesta inmune anormal, los defectos congénitos
que afectan a la estructura de las pequeñas vías aéreas
o la capacidad de las células ciliadas para despejar la mucosidad
y los factores mecánicos, como la obstrucción bronquial,
pueden predisponer a las infecciones que conducen a las bronquiectasias.
En un número reducido de casos, éstas son probablemente
consecuencia de la aspiración de sustancias tóxicas que
lesionan los bronquios.
Bronquiectasias
En las bronquiectasias, algunas zonas de
la pared bronquial están destruidas e inflamadas de modo
crónico; las células ciliadas están destruidas
o deterioradas y en consecuencia, la producción de mucosidad
aumenta.
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| Bronquio normal |
Bronquiectasias |
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Síntomas y diagnóstico
A pesar de que las bronquiectasias pueden
producirse a cualquier edad, el proceso comienza con mayor frecuencia
en la primera infancia. Sin embargo, los síntomas pueden no manifestarse
hasta mucho más tarde o incluso nunca. Los síntomas comienzan
gradualmente, por lo general después de una infección
del tracto respiratorio, y tienden a empeorar con el paso de los años.
La mayoría de las personas desarrolla una tos de larga duración
que produce esputo, cuya cantidad y tipo dependen de lo extensa que
sea la enfermedad y de la presencia de complicaciones por una infección
añadida. Con frecuencia la persona tiene accesos de tos solamente
por la mañana y por la tarde. La tos con sangre es algo común
y puede ser el primer y único síntoma.
Los episodios frecuentes de neumonía pueden
también indicar la existencia de bronquiectasias. Los individuos
que padecen bronquiectasias muy generalizadas pueden tener además
sibilancias al respirar o ahogo; también pueden padecer bronquitis
crónica, enfisema o asma. Los casos más graves, que se
producen con mayor frecuencia en los países menos desarrollados,
pueden esforzar el corazón con exceso, ocasionando una insuficiencia
cardíaca, una afección que puede causar hinchazón
(edema) de los pies y de las piernas, acumulación de líquido
en el abdomen y más dificultad para respirar, especialmente al
estar acostado.
Las bronquiectasias se pueden diagnosticar por los
síntomas o por la presencia de otro proceso asociado. Sin embargo,
se necesitan radiografías para confirmar el diagnóstico
y evaluar la extensión del proceso y la localización de
la enfermedad.
La radiografía de tórax puede ser normal,
pero algunas veces se detectan las alteraciones pulmonares causadas
por las bronquiectasias. La tomografía computadorizada (TC) de
alta resolución puede por lo general confirmar el diagnóstico
y es especialmente útil para determinar la extensión de
la enfermedad en caso de plantearse un tratamiento quirúrgico.
Una vez que se han diagnosticado las bronquiectasias,
se realizan una serie de pruebas para determinar la enfermedad o enfermedades
que la causan. Dichas pruebas pueden consistir en un análisis
de los valores de las inmunoglobulinas en la sangre, de la concentración
de la sal en el sudor (que es anormal en la fibrosis quística)
y el examen de muestras nasales, bronquiales o de esperma para determinar
si las células ciliadas tienen defectos estructurales o funcionales.
Cuando las bronquiectasias se limitan a una zona, por ejemplo, un lóbulo
pulmonar, se suele realizar una broncoscopia de fibra óptica
(un examen utilizando un tubo de observación que se introduce
en los bronquios) para determinar si la causa es un objeto extraño
o un tumor. Se pueden realizar otras pruebas para identificar las enfermedades
subyacentes, como la aspergilosis broncopulmonar alérgica.

Prevención
Las vacunas infantiles contra el sarampión
y la tos ferina han contribuido a disminuir el riesgo de contraer bronquiectasias.
La vacunación anual contra el virus de la gripe ayuda a prevenir
los efectos dañinos de esta enfermedad.
Por un lado, la vacuna neumocócica puede
ayudar a prevenir los tipos específicos de neumonía neumocócica
con sus graves complicaciones. Por otro, la administración de
antibióticos durante la primera fase de infecciones, como la
neumonía y la tuberculosis, puede también prevenir las
bronquiectasias o reducir su gravedad.
La administración de inmunoglobulinas en
el síndrome de deficiencia inmunoglobulínica puede evitar
las infecciones recurrentes y las complicaciones derivadas de las mismas.
El uso adecuado de fármacos antiinflamatorios
como los corticosteroides puede prevenir las lesiones bronquiales que
producen las bronquiectasias, especialmente en aquellos individuos con
aspergilosis broncopulmonar alérgica.
Evitar la aspiración de vapores tóxicos,
gases, humo (incluyendo el tabaco) y polvos tóxicos (como la
sílice o el talco) contribuyen a prevenir las bronquiectasias
o por lo menos a disminuir su gravedad.
La aspiración de objetos extraños
en las vías aéreas puede evitarse controlando lo que el
niño se lleva a la boca, evitando la hipersedación por
fármacos o alcohol y solicitando atención médica
en caso de síntomas neurológicos, como la pérdida
de consciencia o problemas gastrointestinales, como dificultad en la
deglución, regurgitación o tos después de comer.
Se recomienda evitar la instilación de gotas
oleosas o aceites minerales en la boca o en la nariz al acostarse, ya
que pueden ser aspirados en los pulmones. Se puede realizar una broncoscopia
para detectar y tratar una obstrucción bronquial antes de que
se produzcan daños graves.
Tratamiento
No se recomiendan los fármacos que
suprimen la tos porque pueden complicar el proceso. En el tratamiento
de las bronquiectasias en pacientes con grandes cantidades de secreciones,
es fundamental el drenaje postural y la percusión del tórax
varias veces al día.
Las infecciones se tratan con antibióticos,
los cuales a veces se prescriben durante un largo período para
impedir las recidivas. También se pueden administrar fármacos
antiinflamatorios como los corticosteroides y los mucolíticos
(fármacos que diluyen el pus y la mucosidad). Si la concentración
de oxígeno en la sangre es baja, la administración de
oxígeno ayuda a prevenir complicaciones como el cor pulmonale
(una afección cardíaca relacionada con una enfermedad
pulmonar). Si la persona padece insuficiencia cardíaca, los diuréticos
pueden aliviar la hinchazón. Cuando existe ahogo o se observan
sibilancias al respirar, suelen ser útiles los fármacos
broncodilatadores.
En casos excepcionales, es necesario extirpar quirúrgicamente
una parte del pulmón. Esta clase de cirugía es una opción
únicamente cuando la enfermedad se limita a un pulmón
o preferiblemente a un lóbulo o a un segmento del mismo. La cirugía
es una alternativa para las personas que padecen infecciones repetidas
a pesar del tratamiento o que expectoran gran cantidad de sangre. En
caso de hemorragia, se debe a veces intervenir para obstruir el vaso
sangrante.
Atelectasia
La atelectasia es una enfermedad en la cual
una parte del pulmón queda desprovista de aire y se colapsa.
La causa principal de la atelectasia es la obstrucción
de un bronquio principal, una de las dos ramificaciones de la tráquea
que conducen directamente a los pulmones. También las vías
aéreas pequeñas pueden obstruirse. La obstrucción
puede ser consecuencia de un tapón de mucosidad, de un tumor
o de un objeto aspirado en el bronquio. También puede obstruirse
el bronquio a causa de una presión externa, como un tumor o la
dilatación de los ganglios linfáticos.
Cuando se obstruye una vía aérea,
no se produce el intercambio de gases entre la sangre y los alvéolos,
haciendo que éstos se encojan y se retraigan. El tejido pulmonar
que ha sufrido el colapso generalmente se llena de células sanguíneas,
suero y mucosidades y finalmente se infecta. Tras la cirugía,
especialmente la torácica o abdominal, la respiración
es con frecuencia menos profunda y las partes inferiores del pulmón
no se expanden adecuadamente. Pueden causar atelectasia tanto la cirugía
como otras causas de respiración poco profunda. En el síndrome
del lóbulo medio, un tipo de atelectasia de larga duración,
el lóbulo medio del pulmón derecho se colapsa, por lo
general debido a la presión ejercida sobre el bronquio por un
tumor o por unos ganglios linfáticos agrandados, pero a veces
esto sucede sin que haya compresión bronquial. En el pulmón
obstruido y contraído puede desarrollarse una neumonía
que no llega a curarse completamente y que produce inflamación
crónica, cicatrización y bronquiectasias.
En las atelectasias por aceleración, que
se manifiesta en los pilotos de caza, las fuerzas que genera la alta
velocidad de vuelo cierran las vías aéreas pequeñas,
produciendo un colapso de los alvéolos.
En las microatelectasias parcheadas o difusas se
altera el sistema tensioactivo del pulmón. La sustancia tensioactiva
es la que recubre el revestimiento de los alvéolos y reduce la
tensión superficial alveolar, evitando su colapso. Cuando los
bebés prematuros tienen una deficiencia de sustancia tensioactiva,
desarrollan el síndrome de distrés respiratorio neonatal.
Los adultos pueden también padecer microatelectasia a causa de
una excesiva terapia de oxígeno, una infección generalizada
grave (sepsis) o por muchos otros factores que lesionan el revestimiento
de los alvéolos.
Síntomas y diagnóstico
La atelectasia puede desarrollarse lentamente
y causar sólo un ligero ahogo. Los individuos con el síndrome
del lóbulo medio pueden no manifestar síntoma alguno,
aunque muchos tengan accesos de tos seca.
Cuando se produce rápidamente una atelectasia
en una gran área del pulmón, la persona puede adquirir
un tinte azul o lívido y sufrir un dolor agudo en el lado afectado,
con ataques de ahogo extremo. Si el proceso se acompaña de infección,
también puede aparecer fiebre y una frecuencia cardíaca
acelerada; en ocasiones se produce una hipotensión grave (shock).
Los médicos sospechan atelectasia basándose
en los síntomas y hallazgos de la exploración física.
El diagnóstico se confirma con una radiografía de tórax
que muestra la zona desprovista de aire. Para hallar la causa de la
obstrucción, puede realizarse una tomografía computadorizada
(TC) o una broncoscopia de fibra óptica.
Prevención y tratamiento
El paciente debe adoptar medidas para evitar
la atelectasia después de una intervención quirúrgica.
Aunque los individuos que fuman son más propensos a desarrollar
atelectasia, pueden disminuir el riesgo dejando de fumar durante 6 u
8 semanas antes de la intervención. Después de una intervención,
se recomienda al paciente respirar profundamente, toser regularmente
y empezar a moverse lo antes posible. Pueden ser útiles los ejercicios
y los dispositivos para mejorar la respiración.
Los individuos con deformidades torácicas
o afecciones neurológicas que les producen una respiración
poco profunda durante largos períodos, pueden recurrir al uso
de aparatos mecánicos que ayudan a respirar. Estos aparatos aplican
una presión continua a los pulmones, de modo que incluso al final
de la espiración, las vías aéreas pequeñas
no puedan colapsarse.
El principal tratamiento para la atelectasia repentina
a gran escala es suprimir la causa subyacente. Cuando una obstrucción
no se puede eliminar tosiendo o aspirando las pequeñas vías
aéreas, suele eliminarse con la broncoscopia. Se administran
antibióticos para evitar una posible infección. La atelectasia
crónica suele tratarse con antibióticos ya que la infección
es casi inevitable. En ciertos casos, la parte afectada del pulmón
se puede extirpar cuando la infección, recurrente o persistente,
deteriora su función o cuando se produce una hemorragia profusa.
Cuando se trata de un tumor que está obstruyendo
la vía respiratoria, aliviar la obstrucción con cirugía
o con otros medios, ayuda a prevenir la evolución de la atelectasia
y el desarrollo de una neumonía obstructiva recurrente.