SECCION 6 >
TRASTORNOS DEL CEREBRO Y DEL SISTEMA NERVIOSO
CAPITULO 72
Trastornos del olfato y del gusto
Dado que los trastornos del olfato y del gusto
rara vez constituyen una amenaza para la vida de la persona, puede que
no reciban la atención médica adecuada. Sin embargo, estos
trastornos pueden llegar a ser frustrantes ya que afectan a las facultades
de la persona para disfrutar de la comida, la bebida y los aromas agradables.
También pueden interferir en la capacidad de percibir sustancias
químicas y gases potencialmente nocivos, lo que podría
tener consecuencias graves. En cualquier caso, un trastorno que deteriore
los sentidos del olfato y del gusto puede ser grave.
El olfato y el gusto están estrechamente
relacionados. Las papilas gustativas de la lengua identifican el gusto,
y el nervio olfatorio identifica los olores. Ambas sensaciones son transmitidas
al cerebro, que combina la información para reconocer y apreciar
los sabores. Mientras que algunos sabores pueden reconocerse sin que
intervenga el olfato (como el sabor salado, el amargo, el dulce o el
agrio), otros sabores más complejos (como el de la frambuesa,
por ejemplo) requieren ambos sentidos, olfato y gusto, para reconocerlos.
Cómo se perciben los sabores
El sentido del gusto y del olfato trabajan
conjuntamente para que se pueda reconocer y apreciar los sabores.
El centro del olfato y del gusto en el cerebro combina la información
sensorial de la lengua y de la nariz.
Miles de pequeñas papilas gustativas cubren gran parte
de la superficie de la lengua. Cuando la comida entra en la
boca, estimula los receptores de las papilas gustativas. Éstas,
a su vez, envían impulsos nerviosos al centro del olfato
y del gusto del cerebro, que los interpreta como sabor. Las
papilas gustativas en la punta de la lengua detectan el sabor
dulce, las de los lados, lo salado y ácido, y las de
la parte de atrás, lo amargo. Las combinaciones de estos
4 sabores básicos producen una amplia gama de sabores.
Un área pequeña en la membrana mucosa que reviste
la nariz (el epitelio olfatorio) contiene terminaciones nerviosas
que detectan el olor (nervios olfatorios). Cuando las moléculas
transportadas por el aire entran en la fosa nasal, estimulan
minúsculas proyecciones similares a pestañas (cilios)
en las células nerviosas. Esta estimulación envía
impulsos nerviosos a través de unas zonas abultadas que
se hallan al final de los nervios (bulbos olfatorios), a lo
largo del nervio olfatorio, hacia el centro del olfato y del
gusto del cerebro. El centro interpreta estos impulsos como
un olor específico. Mediante este proceso se distinguen
miles de diferentes olores.
El cerebro necesita tanto el sentido del gusto como el del olfato
para distinguir la mayoría de los olores. Por ejemplo,
para distinguir el sabor de un bombón, el cerebro percibe
un sabor dulce a través de las papilas gustativas y un
rico aroma de chocolate a través de la nariz.
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La pérdida o reducción del sentido
del olfato (anosmia) es la anomalía más frecuente del
olfato y del gusto. En un principio, las personas suelen apercibirse
de una alteración del sentido del olfato al encontrar que los
alimentos son insípidos, dado que la distinción entre
un sabor y otro se basa en gran medida en el olfato.
El sentido del olfato puede afectarse por ciertos
cambios en la nariz, en los nervios que van de la nariz al cerebro o
en el propio cerebro. Por ejemplo, cuando las fosas nasales están
irritadas por un resfriado común, el sentido del olfato puede
disminuir al impedirse que los olores alcancen los receptores del olfato.
Puesto que el sentido del olfato está asociado al del gusto,
las personas resfriadas suelen encontrar que los alimentos no saben
bien. Las células encargadas del olfato pueden resultar temporalmente
lesionadas por el virus de la gripe; algunas personas no pueden ni oler
ni saborear durante varios días o semanas posteriores a un episodio
de gripe.
En ocasiones, la pérdida del olfato o del
gusto dura semanas o incluso llega a ser permanente. Las infecciones
graves de los senos nasales o la radioterapia utilizada para el cáncer
pueden afectar a las células del olfato o destruirlas. Sin embargo,
el traumatismo craneal, producido a menudo por accidentes de automóvil,
constituye la causa más frecuente de la pérdida del olfato.
Como consecuencia de dicho traumatismo, las fibras del nervio olfatorio
(el nervio que contiene los receptores del olfato) resultan seccionadas
a la altura de la placa cribiforme (el hueso en la base del cráneo
que separa el espacio intracraneal de la cavidad nasal). En alguna rara
ocasión, una persona puede nacer sin el sentido del olfato.
El aumento de la sensibilidad a los olores (hiperosmia)
es mucho menos frecuente que la anosmia. El sentido distorsionado del
olfato, que hace que olores inocuos huelan mal (disosmia), puede ser
consecuencia de una infección de los senos nasales o de una lesión
parcial de los nervios olfatorios. La disosmia puede deberse también
a una mala higiene dental que produce infecciones en la boca de olor
desagradable, el cual será percibido por la nariz. A veces las
personas depresivas desarrollan disosmia. Algunas personas que padecen
epilepsia que se origina en la parte del cerebro que percibe los olores
(el centro olfatorio) experimentan sensaciones de olores desagradables
(alucinaciones olfatorias) que son muy fuertes y de corta duración.
Estos olores desagradables forman parte de la epilepsia, no una mala
interpretación de un olor.
Una reducción o pérdida del sentido
del gusto (ageusia) suele ser consecuencia de trastornos que afectan
a la lengua. Algunos ejemplos son una boca muy seca, el tabaquismo intenso
(especialmente fumar en pipa), radioterapia de la cabeza y del cuello
y los efectos secundarios de fármacos como la vincristina (un
medicamento anticanceroso) o la amitriptilina (un antidepresivo). La
distorsión del gusto (disgeusia) puede ser consecuencia de los
mismos factores que inciden en la pérdida del gusto. Las quemaduras
de la lengua pueden destruir temporalmente las papilas gustativas y
la parálisis de Bell (parálisis de un lado de la cara
causada por una malfunción del nervio facial) puede ocasionar
la pérdida del sentido del gusto en un lado de la lengua. La
disgeusia también puede ser un síntoma de depresión.
Diagnóstico
Los médicos pueden hacer pruebas de olfato
utilizando fragancias de aceites, detergentes y alimentos (café
o clavo por ejemplo). El gusto puede comprobarse utilizando sustancias
dulces (azúcar), ácidas (jugo de limón), saladas
(sal) y amargas (aspirina, quinina, aloes). El médico o el odontólogo
también revisan la boca para detectar infecciones o sequedad
(salivación escasa). En contadas ocasiones se requieren pruebas
de imagen del cerebro mediante una tomografía computadorizada
(TC) o una resonancia magnética (RM).
Tratamiento
En función de la causa del trastorno del
gusto, el médico recomendará el cambio o supresión
de un determinado medicamento, la toma de caramelos para mantener la
boca húmeda o simplemente esperar varias semanas a ver si el
problema remite. Los suplementos de zinc, que se pueden adquirir sin
prescripción médica, se cree que aceleran la recuperación,
especialmente en las alteraciones del gusto posteriores a un episodio
de gripe. Sin embargo, sus efectos no se han confirmado científicamente.