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TRASTORNOS DEL CEREBRO Y DEL SISTEMA NERVIOSO
CAPITULO 78
Infecciones del cerebro y de la médula espinal
El cerebro y la médula espinal tienen
una extraordinaria resistencia a las infecciones, pero cuando se infectan,
las consecuencias son habitualmente muy graves. Por ejemplo, la meningitis,
una inflamación del revestimiento del cerebro y de la médula
espinal (meninges), habitualmente está causada por una infección
bacteriana o vírica. La meningitis aséptica es un termino
utilizado para describir una inflamación de las meninges habitualmente
causada por un virus, pero se trata a veces de una reacción autoinmune
(como ocurre ocasionalmente en la esclerosis múltiple), de un
efecto secundario de un medicamento como el ibuprofeno o por la inyección
de productos químicos en el canal espinal.
La encefalitis, una inflamación del propio
cerebro, habitualmente es causada por una infección vírica,
pero también puede ser secundaria a una reacción autoinmune.
Un absceso es una infección localizada, semejante a un furúnculo,
que puede desarrollarse en cualquier parte del cuerpo, incluso en el
cerebro.
Las bacterias y los otros microorganismos infecciosos
pueden alcanzar las meninges y otras áreas del cerebro de diversas
maneras desde sitios distantes. Pueden ser llevadas por la corriente
sanguínea, o pueden entrar en el cerebro por penetración
directa debido a una herida o a una intervención quirúrgica,
por ejemplo. Los abscesos pueden propagarse desde estructuras próximas
al cerebro, como los senos paranasales.
Meningitis bacteriana
La meningitis bacteriana es una inflamación
de las meninges causada por bacterias.
Causas
Más del 80 por ciento de todos los casos
de meningitis son causados por tres especies de bacterias: Neisseria
meningitidis, Hemophilus influenzae y Streptococcus pneumoniae. Las
tres se encuentran normalmente en el ambiente que nos rodea y pueden
incluso vivir, sin causar daño alguno, en la nariz o en el aparato
respiratorio de una persona. De manera ocasional, estos organismos infectan
el cerebro sin que se pueda identificar la razón de ello. En
otros casos, la infección se debe a una herida en la cabeza o
es causada por una anormalidad del sistema inmune. Las personas con
mayor riesgo de tener meningitis por causa de una de estas bacterias
son las que abusan del alcohol, las que han sido sometidas a una esplenectomía
(extirpación del bazo) o las que tienen una infección
crónica del oído y de la nariz, una neumonía neumocócica
o una drepanocitosis.
Punción lumbar para el diagnóstico
de meningitis
Se inserta una aguja pequeña y hueca
en la parte inferior del canal medular, habitualmente entre
la cuarta y la quinta vértebra lumbar, por debajo de
la región donde termina la médula espinal. El
líquido cefalorraquídeo se recoge en un tubo y
se envía al laboratorio para su análisis.
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En raras ocasiones, otros tipos de bacterias como
Escherichia coli (presente normalmente en el colon y las heces) y Klebsiella
causan meningitis. Las infecciones por estas bacterias son habitualmente
consecuencia de heridas en la cabeza, de una cirugía del cerebro
o de la médula espinal, de una infección de la sangre
o de una infección contraída en un hospital; ocurren con
más frecuencia entre personas con un sistema inmunológico
deficiente. Las que padecen insuficiencia renal o están tomando
corticosteroides tienen un riesgo más elevado de contraer meningitis
por la bacteria Listeria.
La meningitis es más frecuente en niños
de un mes a dos años de edad. Es mucho menos frecuente en los
adultos, a menos que tengan determinados factores de riesgo; sin embargo,
pueden presentarse pequeñas epidemias en ambientes como campos
de entrenamiento militar, residencias de estudiantes u otros sitios
en donde la gente se encuentra en estrecho contacto.
Síntomas
Los síntomas precoces más importantes
de una meningitis son fiebre, dolor de cabeza, rigidez de cuello, dolor
de garganta y vómitos. La rigidez de cuello (rigidez de nuca)
no significa simplemente dolor a la flexión del mismo; de hecho
es imposible o provoca mucho dolor tratar de hacer que la barbilla toque
el pecho. Los adultos pueden enfermar gravemente en el curso de 24 horas,
y los niños incluso antes. Los niños mayores y los adultos
pueden volverse irritables, confusos y cada vez más somnolientos.
Este estado puede progresar hacia el estupor, el coma y, finalmente,
la muerte. La infección causa inflamación de los tejidos
cerebrales e impide el flujo sanguíneo, lo que produce síntomas
de un ataque vascular cerebral como una parálisis. En algunos
casos se presentan convulsiones. El síndrome de Waterhouse-Friderichsen,
una infección de evolución rápida y catastrófica,
es causada por Neisseria meningitidis; produce diarrea grave, vómitos,
convulsiones, hemorragias internas, hipotensión, shock y, frecuentemente,
la muerte.
En niños menores de 2 años, la meningitis
habitualmente causa fiebre, vómitos, irritabilidad, convulsiones,
problemas para comer y llanto de un tono muy agudo. La piel sobre la
fontanela (la zona blanda entre los huesos del cráneo) se pone
tensa y la fontanela puede protruir. El flujo de líquido alrededor
del cerebro puede verse bloqueado, haciendo que el cráneo se
agrande (hidrocefalia). A diferencia del niño mayor o del adulto,
un niño menor de un año puede no presentar rigidez del
cuello (rigidez de nuca).
Diagnóstico
Puesto que la meningitis bacteriana (especialmente
cuando está causada por Neisseria meningitidis) puede causar
la muerte en pocas horas, se requiere atención médica
inmediata. Una fiebre inexplicada en niños de menos de dos años
requiere un examen médico completo e inmediato, especialmente
si se vuelve irritable o más somnoliento que de costumbre, se
niega a comer, tiene vómitos, convulsiones o si presenta rigidez
de nuca. Si el médico sospecha que pueda tratarse de una meningitis
bacteriana, generalmente se le trata con antibióticos incluso
antes de tener los resultados del análisis.
Durante la exploración física, el
médico busca la presencia de erupciones cutáneas (habitualmente
manchas rojas y moradas), cianosis (un color azulado de la piel), rigidez
de nuca y otros signos característicos de la meningitis. Uno
de estos signos consiste en que al flexionar la cabeza del niño
hacia el pecho estando acostado, puede que las caderas y las rodillas
se flexionen hacia el tórax.
Otro signo es que el médico no logre estirar
las rodillas flexionadas del niño, al tratar de levantarle las
piernas.
Cuando se sospecha una meningitis, rápidamente
debe determinarse si se trata de una infección bacteriana, vírica,
por hongos o de otro tipo, o si se trata de una irritación por
otra causa (por ejemplo, un producto químico). Son muchas las
causas posibles y el tratamiento es diferente para cada una.
La punción lumbar es el examen habitual para
el diagnóstico de la meningitis y para determinar su causa. Para
ello se inserta una aguja delgada entre dos vértebras en la parte
inferior de la columna vertebral para recoger una muestra de líquido
cefalorraquídeo de la zona justo por debajo de la médula
espinal. Luego se examina el líquido al microscopio en busca
de bacterias y se envía al laboratorio para su cultivo e identificación.
Las bacterias pueden someterse a una prueba para determinar su susceptibilidad
a diferentes antibióticos (antibiograma). El valor de azúcar,
un incremento de las proteínas, la cantidad y el tipo de glóbulos
blancos en el líquido cefalorraquídeo pueden ayudar a
determinar el tipo de infección.
Para ayudar a establecer el diagnóstico,
además de la punción lumbar, el médico puede hacer
cultivos de sangre, de orina, de mucosidad nasal y de garganta, así
como del pus proveniente de infecciones de la piel.
Tratamiento
La meningitis bacteriana debe tratarse de inmediato
con antibióticos y también con corticosteroides por vía
intravenosa para disminuir la inflamación. Se puede utilizar
uno o más antibióticos para combatir las bacterias que
más probabilidad tienen de causar la infección. Una vez
identificada la bacteria responsable (uno o dos días más
tarde) puede escogerse el antibiótico más apropiado. El
tratamiento comporta también la administración de líquidos
en función de la fiebre, la sudación, los vómitos
y la falta de apetito.
El médico vigila cualquier complicación
que pueda resultar de la infección del cerebro. La meningitis
bacteriana (especialmente si es causada por Neisseria meningitidis)
puede causar una hipotensión (disminución de la presión
arterial) y para contrarrestar esta situación deben administrarse
incluso más líquidos o determinados fármacos.
Pronóstico
Si el tratamiento se inicia de inmediato, fallecen
menos del 10 por ciento de personas con meningitis bacteriana. Pero
si el diagnóstico o el tratamiento se retrasan, es más
probable que se produzcan lesiones cerebrales permanentes o incluso
la muerte, especialmente en niños muy pequeños o en ancianos.
En general la recuperación es total, aunque algunas personas
pueden tener convulsiones que requieran un tratamiento de por vida.
Después de un ataque de meningitis puede que reste un deterioro
mental permanente y una parálisis.
Prevención
La vacunación puede prevenir la meningitis
causada por Neisseria meningitidis. La vacuna es utilizada en caso de
amenaza de epidemia en comunidades cerradas (como por ejemplo una base
militar) o en personas expuestas de manera repetida a las bacterias.
Los miembros de la familia, el personal médico y otras personas
en contacto directo con una persona infectada por Neisseria meningitidis
deben también recibir un antibiótico como la rifampicina
o la minociclina. Todos los niños deberían recibir de
manera sistemática la vacuna contra Hemophilus influenzae tipo
b, que ayuda a prevenir la forma más frecuente de meningitis
en el niño.
Meningitis crónica
La meningitis crónica es una infección
cerebral que causa inflamación en las meninges durante más
de un mes.
La meningitis crónica afecta a las personas
cuyo sistema inmune es deficiente, ya sea por el SIDA, un cáncer,
otras enfermedades graves, el tratamiento con fármacos anticancerosos
y el uso prolongado de prednisona.
Causas
Algunos microorganismos infecciosos pueden invadir
el cerebro y desarrollarse muy lentamente, causando síntomas
y lesiones de manera muy gradual. Los más frecuentes son el hongo
Cryptococcus, el citomegalovirus, el virus del SIDA y las bacterias
que causan tuberculosis, sífilis y la enfermedad de Lyme.
Algunas enfermedades no infecciosas, como la sarcoidosis
y algunos cánceres pueden irritar las meninges, produciendo una
meningitis crónica. Dentro de las causas no infecciosas, la más
frecuente es la invasión de las meninges por linfomas y leucemias.
Algunos fármacos utilizados para tratar el cáncer, otros
utilizados en las personas sometidas a trasplante e incluso los antiinflamatorios
no esteroideos, como el ibuprofeno, también pueden causar inflamación
de las meninges.
Síntomas
Los síntomas de la meningitis crónica
son muy similares a los de la meningitis bacteriana, pero la enfermedad
es de desarrollo más lento (habitualmente, varias semanas en
vez de días). La fiebre es menos elevada que en el caso de la
meningitis bacteriana. Son frecuentes el dolor de cabeza, la confusión
e incluso el dolor de espalda y ciertas anomalías neurológicas
(como debilidad, hormigueo, pérdida de sensibilidad y parálisis
facial).
Diagnóstico
El diagnóstico de una meningitis crónica
se sospecha en función de los síntomas. Sin embargo, una
meningitis bacteriana que ha sido parcialmente detenida, pero no eliminada,
por un tratamiento incompleto con antibióticos, así como
tumores o abscesos cerebrales, puede confundirse con una meningitis
crónica. Para asegurar el diagnóstico, los médicos
habitualmente piden una tomografía computadorizada (TC) o una
resonancia magnética (RM) de la cabeza, así como una punción
lumbar y un análisis del líquido cefalorraquídeo.
El número de glóbulos blancos en el líquido es
más elevado de lo normal, pero habitualmente más bajo
que en una meningitis bacteriana y contiene una población diferente
de glóbulos blancos (linfocitos en vez de neutrófilos).
Al microscopio pueden observarse microorganismos infecciosos. Siempre
se hace un cultivo del líquido cefalorraquídeo para identificar
microorganismo específico. Se pueden solicitar pruebas adicionales
en busca de tuberculosis o sífilis, así como de ciertos
hongos o virus.
Tratamiento
La meningitis crónica de causa no infecciosa,
como la sarcoidosis, por ejemplo, habitualmente se trata con prednisona.
El tratamiento de la meningitis crónica depende de su causa.

La meningitis crónica causada por un hongo
habitualmente se trata con fármacos antifúngicos administrados
por vía intravenosa. Los más utilizados son la amfotericina
B, la flucitosina y el fluconazol. Cuando la curación de tal
infección resulta muy difícil, a veces se administra la
amfotericina B de forma directa dentro del líquido cefalorraquídeo,
ya sea a través de punciones lumbares o repetidas por medio de
un reservorio de Ommaya (un aparato que se implanta bajo el cuero cabelludo
y que hace llegar el fármaco a los ventrículos cerebrales
a través de un pequeño tubo). La meningitis por criptococo
se trata con amfotericina B, generalmente en combinación con
flucitosina.
La meningitis herpética recidivante puede
ser tratada con aciclovir y la meningitis por citomegalovirus, con ganciclovir.
Generalmente las meningitis víricas se curan solas sin necesidad
de un tratamiento específico.
Infecciones víricas
La encefalitis es una inflamación del cerebro,
habitualmente causada por un virus, y se conoce como encefalitis vírica.
La encefalomielitis es una inflamación tanto del cerebro como
de la médula espinal, también causada por un virus. La
meningitis aséptica es una inflamación de las meninges
(el revestimiento del cerebro y de la médula), habitualmente
causada por un virus.
Varios tipos de virus pueden infectar el cerebro
y la médula, incluidos los que causan el herpes y las paperas.
Algunas de estas infecciones ocurren en forma de epidemias y algunas
son propagadas por insectos.
En ciertos casos el virus propiamente no infecta
el cerebro y la médula, pero puede causar reacciones inmunológicas
que resultan, de manera indirecta, en una inflamación de estas
estructuras. Este tipo de encefalitis (encefalitis parainfecciosa o
encefalitis postinfecciosa) puede presentarse después del sarampión,
de la varicela o de la rubéola. La inflamación característicamente
aparece entre 5 y 10 días después de la infección
vírica y puede causar lesiones graves en el sistema nervioso.
En contados casos, la inflamación del cerebro
se desarrolla semanas, meses o años después de una infección
vírica. Un ejemplo es la panencefalitis subaguda esclerosante,
una inflamación cerebral que en ciertas ocasiones se presenta
después del sarampión y habitualmente ocurre en niños.
Síntomas
Las infecciones víricas del cerebro pueden
producir tres tipos de síntomas diferentes. Algunas infecciones
son leves, causando fiebre y un estado de malestar general, habitualmente
sin síntomas específicos.
La meningitis vírica habitualmente produce
fiebre, dolor de cabeza, vómitos, cansancio y rigidez del cuello.
La encefalitis afecta a la función normal del cerebro, causando
cambios de personalidad, convulsiones, debilidad en una o más
partes del cuerpo, confusión y una somnolencia que puede convertirse
en un estado comatoso; además, también ocasiona los síntomas
de una meningitis.
Ciertos virus producen síntomas adicionales.
Por ejemplo, el virus del herpes simple produce convulsiones repetidas
en las fases iniciales de la encefalitis. El líquido cefalorraquídeo
en la encefalitis por herpes simple contiene glóbulos rojos además
de glóbulos blancos (lo cual es poco usual en otras formas más
leves de infecciones víricas).
Este virus también puede causar una inflamación
del lóbulo temporal del cerebro, que puede ser diagnosticado
rápidamente por la resonancia magnética (RM). La tomografía
computadorizada (TC) puede mostrar cambios únicamente si existen
lesiones graves.
Diagnóstico
En un principio puede ser difícil distinguir
entre una meningitis vírica o aséptica de una meningitis
bacteriana, y la encefalitis puede parecerse a muchas otras enfermedades
que causan una disfunción cerebral. Al primer síntoma
de cualquiera de estas enfermedades los médicos tratan de determinar
la causa de la infección. Casi siempre realizan una punción
lumbar para analizar el líquido cefalorraquídeo.
En las infecciones víricas, el número
de linfocitos en el líquido se encuentra aumentado, pero no hay
presencia de bacterias. El cultivo de virus a partir del líquido
cefalorraquídeo es difícil y puede requerir varios días.
Los médicos también practican otras
pruebas inmunológicas para cuantificar los anticuerpos contra
el virus. Pero incluso con estas pruebas, en más de la mitad
de los casos no se logra identificar un virus específico. El
médico también puede solicitar una TC o una RM para confirmar
que los síntomas no son causados por un absceso cerebral, por
un derrame cerebral o por un problema estructural, como un hematoma,
un aneurisma o un tumor.
Pronóstico y tratamiento
Aun cuando las infecciones que no producen síntomas
habitualmente no requieren tratamiento, los fármacos antivíricos
pueden ser eficaces en los casos más graves. El aciclovir es
eficaz contra el herpes simple, pero no contra la mayoría de
los demás virus.
Muchas personas afectadas por una infección
vírica del cerebro se restablecen completamente. Las posibilidades
de sobrevivir y de recuperarse dependen del tipo de virus. La encefalitis
herpética causa lesiones cerebrales graves, pero puede ser tratada
con aciclovir. Para conseguir una recuperación satisfactoria,
el tratamiento debe comenzar antes de que el paciente entre en estado
de coma. Las lesiones permanentes son más habituales en los bebés.
Los niños habitualmente se restablecen al cabo de un período
largo, mientras que el adulto se recupera rápidamente.
El fármaco zidovudina (AZT) puede retardar
la demencia causada por el virus del SIDA. La leucoencefalopatía
multifocal progresiva en ocasiones se trata con citarabina o vidarabina,
pero en el mejor de los casos estos fármacos sólo retardan
la progresión de la infección.
Absceso cerebral frontal izquierdo
Imagen de absceso ce rebral frontal izquierdo,
rodeado por una zona de edema.
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Absceso cerebral
Un absceso cerebral es una colección de pus
localizada en el cerebro.
Los abscesos cerebrales no son frecuentes. Pueden
ser causados a partir de la propagación de una infección
en otra parte de la cabeza (como un diente, la nariz o el oído),
de una herida que alcanza el cerebro o de una infección originada
en otro lugar y propagada por la sangre.
Síntomas
Un absceso cerebral puede dar muchos síntomas
diferentes, dependiendo de su localización. Los síntomas
consisten en dolores de cabeza, náuseas, vómitos, somnolencia,
convulsiones, cambios de personalidad y otros signos de disfunción
cerebral; estos síntomas pueden evolucionar en días o
semanas. La persona afectada puede tener fiebre o escalofríos
en un principio, pero los síntomas pueden desaparecer a medida
que el cuerpo combate y vence la infección.
Diagnóstico
La mejor prueba para diagnosticar un absceso cerebral
es una tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética
(RM). Aun cuando una TC o una RM habitualmente muestran el absceso,
la imagen de una colección de pus puede parecerse a un tumor
o a un ictus. Para que el médico pueda descartar el tumor o el
derrame cerebral y determinar cuál es el microorganismo que causa
el absceso, puede ser preciso realizar otras pruebas. Así, puede
que sea necesaria una biopsia del absceso (se recoge una muestra para
su examen al microscopio y para su cultivo).
Tratamiento
Un absceso cerebral puede ser mortal si no se trata
con antibióticos. Los más utilizados son la penicilina,
el metronidazol, la nafcilina y las cefalosporinas, como la ceftizoxima.
Los antibióticos suelen administrarse durante 4 a 6 semanas y
cada dos semanas se repite la TC o la RM. Si el antibiótico no
cura la infección es posible la intervención del cirujano
para drenar el absceso quirúrgicamente.
En ocasiones, un absceso cerebral causa una inflamación
del cerebro y un incremento de la presión intracraneal. Este
estado es muy grave y puede causar daños permanentes al cerebro,
por lo que los médicos lo tratan de forma muy agresiva. Pueden
administrar corticosteroides y fármacos como el manitol, que
reducen la hinchazón del cerebro y disminuyen la presión.
Empiema subdural
Un empiema subdural es una colección de pus
entre el cerebro y el tejido que lo envuelve (las meninges), más
que en el propio cerebro.
Habitualmente el empiema subdural es una complicación
de una sinusitis, pero puede también ser causado por una infección
grave del oído, una herida en la cabeza o el cerebro, una intervención
quirúrgica o una infección de la sangre secundaria a una
infección pulmonar. Los mismos tipos de bacterias que producen
un absceso cerebral pueden también causar empiemas subdurales,
y los médicos tratan ambos procesos de la misma manera.
Tanto el absceso cerebral, como el empiema subdural
pueden causar dolores de cabeza, somnolencia, convulsiones y otros signos
de disfunción cerebral. Los síntomas pueden evolucionar
en el curso de varios días y, sin tratamiento, progresan rápidamente
hasta causar una pérdida total de consciencia y la muerte. La
TC y la RM son las mejores pruebas para llegar a un diagnóstico.
Una punción lumbar es de poca ayuda y puede ser peligrosa. En
lactantes, a veces puede insertarse una aguja directamente en el empiema
a través de la fontanela (el punto blando entre los huesos del
cráneo) para drenar el pus, aliviar la presión y ayudar
a establecer el diagnóstico.
Infecciones por parásitos
En algunas partes del mundo, los gusanos pueden
infectar el cerebro. En el hemisferio occidental, la cisticercosis es
la más frecuente de estas infecciones. Cuando una persona ingiere
alimentos contaminados por huevos de Cisticercus, los jugos gástricos
producen la eclosión de los huevos y se produce la salida de
las larvas. Éstas entran en el torrente sanguíneo y son
distribuidas por todo el cuerpo, incluyendo el cerebro. Las larvas forman
quistes que pueden causar dolores de cabeza y convulsiones. Los quistes
degeneran y las larvas se mueren, lo cual desencadena inflamación,
hinchazón y problemas neurológicos.
La esquistosomiasis es una infección por
gusanos que puede causar convulsiones y disfunciones neurológicas,
y aumentar la presión del cerebro. La equinococcosis es una infección
que puede producir quistes grandes en el cerebro causando muchos problemas
neurológicos y convulsiones. La cenurosis es una infección
que produce quistes que bloquean el flujo del líquido cefalorraquídeo
alrededor del cerebro. Muchas de estas infecciones pueden ser controladas
con fármacos como el praziquantel y el albendazol, pero a veces
está indicada la extirpación quirúrgica de los
quistes.